Tradicionalmente, los enfoques de abordaje de la violencia de género se han centrado en proponer intervenciones legales como respuesta para acabar con la violencia. Sin embargo, desde hace décadas también se han desarrollado iniciativas que, sin dejar de lado las intervenciones legales, amplían el enfoque incluyendo otras dimensiones comunitarias para buscar una restauración del daño y un cambio positivo a largo plazo. 

Los enfoques restaurativos buscan crear comunidades más seguras al tratar de establecer relaciones justas y de actuar colectivamente para reparar los daños sufridos. Estos enfoques buscan incluir a miembros de la familia y a otras personas interesadas de la comunidad a través de diálogos y foros de debate, para recoger diferentes opiniones y llegar a acuerdos sobre cómo proceder ante un caso de violencia que se puede producir en la comunidad. 

Las autoras del artículo Family and Community Approaches to Intimate Partner Violence: Restorative Programs in the United States, publicado en Violence Against Women, estudiaron 15 programas restaurativos de la violencia de género en EE.UU. 

Para que se produzca una adecuada restauración se deben dar los siguientes elementos: Tiene que haber un diálogo inclusivo entre las personas perjudicadas, sus redes de apoyo y quienes han causado el daño (no significa que este diálogo tenga que ser conjunto); el diálogo debe ser voluntario y gestionado por la comunidad para fomentar la expresión de las emociones y los valores morales; las acciones tienen que estar orientadas a las necesidades de las personas perjudicadas y de quienes han sufrido algún daño; se debe alentar a las personas que han causado daño a que asuman responsabilidad activa para mejorar las cosas, y los resultados deben ser justos para la persona dañada y socialmente. 

El diseño de medidas de seguridad y protección es muy importante en estos programas. El punto de partida es buscar promover la seguridad en la comunidad o en la familia partiendo de escuchar activamente las preocupaciones de las personas perjudicadas. Estos programas, además, ampliaron el número de personas participantes más allá de la pareja a través de involucrar y formar a personas voluntarias que puedan ofrecer su apoyo en el proceso. Aunque estos programas no buscan el cambio social, las experiencias desarrolladas sí consiguieron cambiar las normas de género en las comunidades y fortalecer redes de apoyo alrededor de las familias, con enfoques inclusivos y respetuosos con la diversidad cultural de las comunidades de origen, por ejemplo en el caso de programas restaurativos en comunidades nativo americanas. 

La base fundamental que debe regir la aplicación de cualquier programa con un enfoque restaurativo de la violencia de género debe ser siempre mantener la seguridad de todas las personas participantes, partir de la agencia de las personas afectadas y considerar que las comunidades y las familias son aliadas para la creación de un mundo más seguro.

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