Las rutas de las mujeres migrantes por África y hasta el continente europeo están repletas de peligros y vulneraciones de los derechos humanos. Las mujeres migrantes africanas son un grupo especialmente vulnerable ante la violencia de género, las agresiones sexuales y la trata de seres humanos. Investigaciones previas han abordado factores de riesgo desde diferentes disciplinas, pero pocas veces las investigaciones incluyen las experiencias reales y directas de las mujeres africanas, es decir, sus voces. 

En el artículo de investigación Understanding violence against women irregular migrants who arrive in Spain in small boats, publicado en la revista Healthcare, entrevistaron a 26 mujeres africanas que en los últimos cinco años emigraron a España cruzando el Mediterráneo en patera y arriesgando sus vida bajo el control de redes de tráfico y trata de personas. El propósito de la investigación, que contó con la participación de varias ONG, era describir y comprender la violencia contra las mujeres migrantes que llegan a España en estas embarcaciones precarias. La edad media de las participantes era 28,8 años, el 42,3% viajaron solas, el 23,07% mientras estaban embarazadas, el 23,07% con niños, el 7,7% mientras estaban embarazadas y con niños, y el 3,85% con hermanos. 

Los resultados muestran que las mujeres migrantes africanas están expuestas a la violencia en todas las etapas del proceso migratorio, desde el origen y reclutamiento, durante el viaje y en el lugar de destino. Desde el origen, estas mujeres están expuestas a la pobreza, la desigualdad social y económica, así como la discriminación de género y contra las mujeres, como elementos que las empujan a migrar. En este sentido, se encuentra que algunas mujeres han huido de matrimonios forzosos, de la mutilación genital femenina o de situaciones de abuso y violencia sexual, incluso dentro de sus propias familias o comunidades. Por ejemplo, una mujer participante en la investigación escapó de su país porque su primera hija murió a causa de la mutilación genital femenina. Ella quiso abandonar esa práctica y fue castigada públicamente por su marido y privada de libertad. 

El reclutamiento de las mujeres migrantes se puede producir a través de personas conocidas de su entorno comunitario o familiar o a través de redes de tráfico que captan directamente a las víctimas mediante engaños de ofertas laborales fraudulentas o mediante la coacción. También hay casos de captaciones violentas, de secuestro y de explotación sexual desde el inicio del viaje. Durante el trayecto, las redes de tráfico organizan las etapas y condiciones económicas, las mujeres están expuestas a violencia física y explotación sexual, obligadas a esconderse para evitar ser detenidas o deportadas, ocultas y en condiciones muy lamentables que afectan a su salud y aumentan su vulnerabilidad. Frecuentemente son obligadas a mendigar, explotadas en tareas domésticas o sexualmente. Según los y las autoras de la investigación las mujeres migrantes están excluidas y no tienen control sobre las decisiones de las rutas, trayectos, paradas o condiciones del viaje y los traslados. 

Las mafias y redes de trata y tráfico de personas suelen tener control sobre los cuerpos de las mujeres migrantes. Si serán explotadas sexualmente, en qué momento, si podrán usar algún método anticonceptivo o si harán que se queden embarazadas, si abortarán o llevarán a cabo el embarazo y cruzarán con el bebé. Suelen imponer un hombre, llamado el “marido de viaje” o hacer la ruta migratoria bajo el control de otra mujer. Estas figuras se encargarán de transportar y controlar permanentemente a las mujeres. De acuerdo con la investigación, el cruce de fronteras es uno de los momentos más traumáticos y peligrosos  ya que las redes de tráfico pueden utilizarlas como moneda de cambio para sobornar a la policía. 

El viaje en patera se realiza en embarcaciones y condiciones muy precarias, sin avituallamiento, rodeadas de tanques de gasolina e incluso drogas, sin chalecos salvavidas y excediendo el número de personas que la embarcación podría transportar. 

Comprender en profundidad estas experiencias de violencia contra las mujeres migrantes africanas es fundamental para poder proporcionar una atención sanitaria y social de calidad en el trayecto migratorio, en el cruce de fronteras y en el país de destino. Además de para poder detectar situaciones de trata de seres humanos y proveer de seguridad y atención de emergencia de calidad que evite la revictimización, la re-trata, o la continuación de la explotación sexual en otro continente.

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