Emilia Aiello, feminista investigadora en HKS, ha participado como voluntaria en una organización apartidista encargada de monitorizar el correcto funcionamiento de la jornada electoral.

¿Por qué has decidido participar directamente en la elección?
¿Qué mejor forma de observar la jornada electoral que participar en ella? ¿Y qué mejor que hacerlo en una organización comunitaria (teniendo en cuenta que estoy en Harvard, que es bastante poco representativa de la realidad de Estados Unidos?. Para ello, junto con otra colega post-doctoral del Ash Center, nos sumamos a una organización apartidista encargada de facilitar informaciones durante la jornada electoral.

¿Qué diferencias has visto con las elecciones de aquí?
Tengo que resaltar algo de lo que tenemos mucho por hacer en España: la organización comunitaria. En la organización donde estaba yo, como organización apartidista, evidentemente no podíamos mostrar apoyo a ningún candidato, nuestro único rol era facilitar que el votante votara. Por ejemplo, pasaba que alguna persona venía a votar a este colegio electoral, y resulta que no estaba registrada ahí, nuestra tarea era pedirle sus datos, y verificar en nuestros Smart-phones la información, y si era de facto que no estaba registrada ahí, informar qué podía o no podía hacer. O por ejemplo, votantes que era su primera vez que votaban, tenían que traer un carnet de identidad o algo que mostraran que era quienes ellos decían que eran. En el lugar donde yo estaba, en Quincy (una ciudad al lado de Boston), había una organización asiático-americana haciendo una encuesta a votantes de éste origen, orientada a tener datos sobre su experiencia, y a registrar cualquier tipo de comportamiento racista o intimidación.

¿Y que has aprendido como socióloga?
Lo que escribió mi colega del Ash Center de Harvard, Miles Rapoport (antiguo Secretario de Estado de Connecticut) en la revista American Prospect, refleja que la democracia no se refuerza por arte de magia, sino por el trabajo de años, y por el compromiso que miles de personas organizadas, y diversas, están haciendo en el terreno, de forma no violenta. Creo que no es cuestión de jugar con encuestas, algoritmos, y big data, sino de entender que los datos por si solos nunca van a garantizar el progreso social. Necesitamos entender las motivaciones de las personas, desde las ciencias sociales ayudar a interpretar la complejidad social, desde la diversidad, sea de género, de origen étnico, de procedencia, de clase, de nivel socioeconómico. Y ser más humildes para trabajar con y para la sociedad.

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