Tras un delito sexual en las calles de West Village (NY, EE.UU.) el pasado domingo por la noche, las noticias y comentarios por las redes no revictimizan ni culpan a la víctima de lo sucedido. 

El New York Post publica unos hechos que lastimosamente ocurren en ciudades y pueblos de todo el mundo todas las noches y que muchas veces acaban con la revictimización a las víctimas. Pero, en este caso, la publicación de la noticia no ha generado revictimización ni culpabilización hacia la víctima, sino que los mensajes en las redes han sido de apoyo a la víctima y de rechazo al agresor, apelando a las autoridades a actuar para frenar estos abusos. 

Al presunto agresor se le atribuyen dos delitos más de abuso por parte de dos mujeres, una de las cuales es una prima suya.

El caso concreto evidencia además que el agresor no lo es con una sola persona, sino que el maltrato y el desprecio lo son hacia todas las mujeres, sin importar los vínculos familiares o relacionales. Lo que rompe con el pretexto de “conmigo es diferente”. Un agresor es un agresor. 

 

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