Bystander intervention es una forma de ayuda directa o indirecta cuando quienes sospechan o son testigos de posibles situaciones de violencia y acoso actúan para proteger a las víctimas. Desde sus inicios, Diario Feminista se ha ido haciendo eco de sucesos y de numerosas investigaciones que demuestran el papel clave de las personas bystander para frenar y prevenir la violencia y el acoso en sus diferentes formas y desde multitud de contextos.

La ciencia continúa avanzando en esta línea y ahora la revista Journal of School Violence ha publicado el artículo Longer term impact of bystander training to reduce violence acceptance and sexism, un estudio que demuestra que la formación y el entrenamiento escolar en bystander intervention, no solo tiene efectos inmediatos o a corto plazo, sino que su impacto se mantiene a lo largo del tiempo.

Con una muestra aleatoria de 10727 estudiantes de último curso de 26 centros de educación secundaria, los resultados demuestran que quienes habían asistido a escuelas primarias donde se implementaba el programa Green Dot, obtuvieron puntuaciones más bajas en aceptación de la violencia, de la violencia sexual y del sexismo que observaban en su entorno, frente a las y los estudiantes que no habían recibido durante su infancia ningún tipo de formación ni entrenamiento en bystander intervention.

Estudios previos (Burn, 2017) sugieren que, a menudo, quienes son testigos de una posible situación de violencia suelen carecer de preparación para intervenir, a lo que se le unen diferentes barreras sociales y psicológicas que pueden impedir pasar a la acción o provocar una evaluación errónea de las consecuencias de su inacción. Por ello es tan importante el entrenamiento en bystander intervention, que incluye formación para:

  • Identificar con rapidez y precisión las situaciones en las que hay que intervenir.
  • Experimentar empatía y motivación hacia la acción para proteger a las víctimas.
  • Poner en valor la intervención y percibir que sus beneficios superan los costos de la inacción.
  • Generar seguridad y aumentar la capacidad para intervenir eficazmente.
  • Resistir a posibles presiones que contraindiquen la intervención.

Ya sabemos que la mayoría de los programas que han demostrado ser eficaces en materia de prevención de la violencia se llevan a cabo en contextos educativos. Ahora, también, que entrenar a las niñas y niños en la valentía de romper el silencio y posicionarse siempre del lado de las víctimas y en contra de todo tipo de violencia, no solo hace de los entornos educativos espacios más seguros, sino que consigue que estas redes solidarias de protección se mantengan a lo largo del tiempo y puedan llegar a salvar vidas también en la edad adulta.