Durante el año 2017, más de 700.000 rohingyas, de los cuales el 52% son mujeres y niñas y un 55%, niños y niñas menores de 18 años, entraron en Bangladesh buscando protección de la persecución y represión vivida en Birmania desde hace décadas, como explica el Observatorio de Derechos Humanos.

La creación de campos donde acogerles fue una de las principales prioridades para poder ofrecer seguridad, salud, nutrición entre otras necesidades vitales. Entre estas, se identificó el género como uno de los aspectos más importantes para organizar y gestionar tanto los servicios como las actuaciones en los campos. Concretamente, se detectó que era necesario una mayor atención para dar respuesta urgente a las situaciones de violencia de género a las que se enfrentaban mujeres y niñas.

La ONG CARE Bangladesh, una de las entidades que está trabajando en estos campos, ha elaborado un informe en el que se muestran los resultados del seguimiento de la atención que ofrecen a las mujeres y niñas desde el inicio del desplazamiento. Entre los servicios que ofrecen, destacan como los más utilizados los vinculados a eliminar el matrimonio infantil y el tráfico y violencia contra las mujeres, el asesoramiento médico y psicológico y el aprendizaje de nuevas habilidades.

Para poder ofrecer estos servicios se crearon los “Espacios seguros para mujeres y niñas” dentro de los campos como una estrategia para la protección y empoderamiento de las mujeres y niñas. Estos espacios están suponiendo un apoyo para mujeres y niñas en su camino para recuperarse de la violencia que han sufrido y sufren, formar redes y acceder a apoyo, seguridad y oportunidades. Estos espacios, además, incluyen muchos servicios pensados directamente para mujeres y niñas vinculados con la obtención de recursos, información, redes sociales, atención clínica esencial e individualizada y servicios de salud sexual y reproductiva. 

El Fondo de Población de las Naciones Unidas ha definido estos espacios como lugares en los que las mujeres y niñas pueden sentirse física y emocionalmente seguras. Espacios libres de violencia, miedo o abusos.

Es necesario seguir trabajando para que todas las mujeres y niñas, independientemente de las circunstancias en las que se encuentren, puedan acceder a espacios como éstos donde, desde la seguridad y libertad, poder superar situaciones de violencia y abuso y proyectar cómo quieren que sean sus vidas.

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