Después de escuchar, mientras compartían una comida, el relato de una de las víctimas de violencia de género en la universidad, J, director de uno de los medios influyentes entre la izquierda catalana, le explicó,  a ella y a las demás personas asistentes, que había sido alumno del primer catedrático acusado de acoso sexual en la universidad cuando estudiaba la carrera de periodismo y que en su momento ya se comentaban cosas sobre él.

De aquella comida y los relatos compartidos, J y la víctima quedaron con el compromiso de que ella le mandaría información sobre las calumnias difundidas sobre el primer grupo que denunció el acoso sexual en la universidad para poder publicar al respecto.

Al poco, ella le escribió tal como habían acordado y, por alguna razón desconocida, quizás coincidiendo con las relaciones feudales que existen entre algunas personas dentro de las universidades y algunos periodistas, él optó, como muchos otros, por el silencio

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