El acoso sexual de segundo orden, ya definido en múltiples publicaciones, es sufrido de diferentes formas y en múltiples espacios. Lo que coincide en todas estas esferas es el ataque hacia las personas que se solidarizan con las víctimas directas, convirtiéndolas así en víctimas de segundo orden. La denuncia más resonada en los medios y una de las primeras en el estado contra un catedrático por acoso sexual recurrente en la universidad, hizo que algunas personas, conectadas con el lobby de acosadores, extendieran sus ataques en diferentes redes sociales.

La primera agresión de este tipo detectada a partir del mencionado caso se hizo desde una cuenta anónima de Twitter. Entre otras difamaciones, esta cuenta incluyó una supuesta conversación con una doctora de la misma universidad en la que se ataca personalmente al profesor que más apoyó a las víctimas diciendo que había recibido en la universidad denuncias por acoso sexual. El acosador que hizo ese tweet fue rápidamente identificado.  Era tan torpe que ponía en boca de esa supuesta doctora anónima una frase cuya primera parte afirmaba lo contrario al ataque que el tweet pretendía hacer (“a mí nunca me acosó”) y cuya segunda parte era el típico ataque a todas las víctimas atribuyendo a ellas la culpa de los acosos que sufren (“porque a la que no quiere, no la acosan”).  Este ataque resonó en otras redes sociales, ya que esta supuesta conversación fue reproducida en Facebook por parte de otra persona, miembro de un numeroso grupo de Facebook, donde la mayoría de sus miembros son estudiantes de la misma disciplina que el profesor que estaba recibiendo públicamente esos ataques, ese acoso sexual de segundo orden.

La Comisión de Igualdad, a pesar de sus intensas tensiones con la red de víctimas y el profesor que las apoyaba, siguió los criterios internacionales contra la violencia de género y aprobó por unanimidad una carta en la que se afirmaba rotundamente que nunca se había recibido ninguna denuncia por acoso sexual contra ese profesor. La actuación de la Comisión también llevó a que el estudiante retirara esa mentira del Facebook de estudiantes de la Facultad. Unos días más tarde, ya hecho el mal, la persona que difundió las acusaciones del profesor que apoya a las víctimas, añadió un comentario, reconociendo que sabe que es “un bulo”, pero que eso no evitó que lo difundiera ya que lo que se perseguía era el “calumnia que algo queda”.

El no intervenir en el acoso sexual de segundo orden impide drásticamente acabar con el acoso sexual directo; es más, esto cambia el foco del debate, ya que hace variar la atención de la persona denunciada por acoso, a las personas que rompen el silencio, apoyan a las víctimas y contribuyen así con su valentía a que los casos salgan a la luz y se venza el tabú sobre el acoso sexual en la academia. El acoso sexual de segundo orden nace y se alimenta de críticas y calumnias desde diferentes instancias y contextos, que son usadas como instrumento incluso por personas que saben con certeza que son falsas cuando quieren atacar a alguna persona que se posiciona del lado de la víctima. Por esto, es imprescindible denunciarlas y frenarlas.

Tags:
Secciones: _noticias portada

Si quieres, puedes escribir tu aportación