Johanna Döbereiner // https://www.embrapa.br

Tal día como hoy en 1974 la científica brasileña Johanna Döbereiner (1924-2000) recibe el premio de ciencia Bernardo Houssay de la Organización de Estados Americanos  (OEA). 

La principal contribución de Döbereiner fue la fijación biológica de nitrógeno permitió que millares de personas consumieran alimentos más baratos y saludables, y llegó a ser candidata en el premio Nobel de la Paz por esta contribución. Con su aporte logró que Brasil alcanzase la tecnología Proalcool convirtiéndose ser el segundo productor mundial de soja y con un ahorro anual de dos mil millones de dólares, hecho que tuvo un impacto directo en la economía del país.

Su formación en diferentes universidades del mundo, Universidad de Múnich, su Universidad de Wisconsin,  Universidad de Florida y Santiago de Chile le facilitó una visión internacional de la comunidad académica. Siempre en constante formación e intercambio con diferentes personas académicas, terminó siendo una de las autoras más citadas internacionales por sus contribuciones.

Pero no solo fue su formación universitaria la que le empujó a realizar esta contribución. Su experiencia de vida marcó una motivación duradera para contribuir en la mejora social.   El primer contacto con la agricultura tuvo lugar a mediados de 1940, ser trabajadora rural en Sadisdorf, plantando patatas y ordeñando vacas,  para mantenerse a sí misma y a su abuela y su abuelo le dio una perspectiva real de lo que era el trabajo en el campo. Inspirada por la educación de su madre que había fallecido decidió involucrarse en las convenciones de género, inscribiéndose finalmente en el curso de Agronomía de la Universidad de Munich, un área muy dura para las mujeres en aquel entonces, e incluso ahora. Pagó sus estudios trabajando en el campo, y esa combinación entre el estudio académico y la vivencia real, contribuyó a su excelencia. Pero sin duda como ella remarcó siempre a lo largo de los diferentes reconocimientos, ese trabajo no fue fruto  únicamente suyo, sino del intercambio constante de su equipo “No hago nada sola. Todo es el resultado de muchos intercambios entre nuestro equipo”.

Supo combinar la pasión por su trabajo en la academia, la familia y el campo, y en sus últimos momentos de vida a pesar de ser diagnosticada de dolencias neurológicas, siguió implicada en el laboratorio de Embrapa Agrobiologia siguiendo el trabajo de sus estudiantes, y colegas.  Es así como una de sus frases perdurará también en el trabajo de futuras generaciones “Nunca podemos conformarnos con lo que ya existe. Siempre existe la posibilidad de mejorar”.

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