Toda la lucha contra el acoso llevada a cabo en las últimas décadas en las universidades, ha hecho que las nuevas generaciones tengan un contexto más favorable para no callar. Tanto es así que, en las jornadas estatales contra el acoso y las violencias de género en la universidad, organizadas por redes de víctimas y activistas contra el acoso sexual procedentes de diferentes universidades españolas, unas profesoras compartían afirmaciones como: “es muy emocionante estar aquí, pensaba que me iba a jubilar con esta mochila”. “Vosotras me dais esperanza”. “Sois la generación que ha tomado las riendas para acabar con este tema”.

Y es que el momento histórico que caracteriza las nuevas generaciones del estudiantado actual, se alinea con todos los pasos que se han dado hasta el momento, gracias al poco profesorado que no ha callado y ha denunciado las injusticias que estaban viviendo a su alrededor, al profesorado que siempre ha apoyado a las víctimas, y que ha promovido que el estudiantado vea que puede estar en la universidad estando a la vez del lado de las víctimas, sin esa fidelidad hacia el profesorado cómplice de los acosos que ha ido minando en las universidades durante décadas.  

Estamos sin embargo en el mejor momento, el profesorado valiente, las redes de solidaridad, las víctimas que habiendo roto el silencio han ido consiguiendo éxito gracias a los apoyos, y un contexto ya diferente en el que mirar para el otro lado queda cada vez peor, genera un empoderamiento en las nuevas generaciones de chicos y chicas estudiantes que cuentan con una base más sólida para no callar ante cualquier acto de acoso ejercido por parte de un miembro del profesorado o por un igual, tanto hacia ellas y ellos mismos como a alguien cercano, ejerciendo así como bystanders activas y activos previniendo los acosos y respondiendo ante ellos apoyando a la víctimas.

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