Las masculinidades se aprenden en la socialización. Es un proceso que empieza en la primera infancia. En la sociedad actual, en estas edades es habitual que estén expuestos a algún tipo de situación violenta: entre los 2 y 3 años el 70% pega, entre los 17 y los 30 meses el 25% muerde y las rabietas también son frecuentes. Además, son los niños y las niñas que agreden los que a menudo más atraen la atención de docentes y padres. Frecuentemente consiguen un círculo social a su alrededor que les dota de un estatus social y esto alimenta sus actitudes agresivas. Hay profesionales y familias que no solo toleran y naturalizan las actitudes violentas, sino que las dotan de atractivo. En estos contextos, las masculinidades violentas ganan mucho protagonismo. Sin embargo, estas situaciones tienen solución.

En el artículo Promoting zero violence from early childhood: a case study on the prevention of aggressive behavior in Cappont Nursery (Promocionando la violencia 0 desde la primera infancia: un estudio de caso de la prevención de actitudes agresivas en la Escuela de Primera Infancia Cappont), las personas investigadoras analizan las acciones que el equipo de profesionales implementa para quitar atractivo a las actitudes violentas en una escuela municipal de 0 a 3 años. 

Esta escuela es una comunidad de aprendizaje y su punto de partida es que el equipo de profesionales está constantemente formándose sobre las bases científicas de las actuaciones educativas de éxito mediante tertulias pedagógicas dialógicas, lo que les permite analizar y mejorar sus prácticas continuamente. 

El objetivo principal es crear espacios libres de violencia. La observación constante y el diálogo entre profesionales sobre la información obtenida es fundamental. Cuando identifican una actitud agresiva, si no es grave tratan de atajar la situación lo más silenciosamente posible para que la persona agresora no gane protagonismo con su acción. Por su parte, ante una agresión se posicionan entre la persona agresora y la víctima, prestan atención a esta última y dan la espalda a la persona agresora, lo que contribuye a prevenir agresiones posteriores. El objetivo no es estigmatizar a la persona agresora, sino que la actitud conflictiva se convierta en no-agresiva.

A su vez, es muy eficaz promover el diálogo como medio para resolver los conflictos. Se cuida especialmente que se expliquen las razones por las que algo no se puede hacer, que se entienda que “no es no”, que no hay que etiquetar a las demás personas y que siempre hay que hablar con respeto. Cuando a las niñas y a los niños se les enseña a expresarse mediante palabras, su autoestima crece.

Fomentar la socialización en espacios donde la no-violencia prevalece, donde no ser agresivo resulta atractivo, tiende a neutralizar las masculinidades violentas y promueve las masculinidades alternativas desde los 0 años.

Secciones: portada