El asesinato de George Floyd en Mineápolis como resultado de un brutal arresto, ha provocado una nueva oleada de indignación tanto en Estados Unidos como en diferentes lugares del mundo en contra del racismo, la xenofobia y los abusos policiales.

Entre las organizaciones internacionales que se han posicionado públicamente para condenar todas las formas de racismo, se encuentra la Academia Americana de Pediatría (AAP) que, en su declaración de política antirracista, ofrece claves para abordar este tema desde las familias. Entre ellas, se subrayan la importancia de hablar con los niños y niñas sobre qué saben, qué han visto o cómo se sienten; preguntar si han sido testigos de maltrato o racismo o si lo han sufrido; prestar atención a posibles cambios de comportamiento en relación a la agresividad, la ansiedad, el miedo o la angustia graves; o cuidar el contenido audiovisual que consumen, pues ya sabemos que, más allá del entretenimiento, la ficción tiene la capacidad de inculcar valores y sentimientos que pueden ser contrarios a la igualdad y la no violencia. Otros organismos como la Anti-Difamation League, ofrecen también en su Web numerosos recursos para las familias acerca de cómo abordar con los niños y niñas incidentes de odio.

Ya en 2019, la AAP había publicado en la revista Pediatrics un documento, artículos [The Impact of Racism on Child and Adolescent Health] basado en evidencias de la investigación sobre el racismo y su profundo impacto negativo en la salud física y mental en las etapas infantil y adolescente, demostrando efectos adversos significativos sobre todo para quienes lo sufren, pero también para quienes lo cometen o, simplemente, observan este tipo de agresiones. Entre estos efectos se encuentran el estrés crónico, las dificultades en el desarrollo socioemocional, profundas reacciones fisiológicas y psicológicas nocivas ante el recuerdo de la agresión racista, daños en el autoconcepto y la autoestima, dificultades en el rendimiento académico, aumento del absentismo escolar, mayores barreras de acceso a la igualdad de oportunidades y servicios que optimizan la salud o reducción de la esperanza de vida. La investigación señala también que el papel de quienes observan agresiones racistas es clave a la hora de prevenir o frenar este tipo de violencia y que los entornos escolares que se caracterizan por una gran diversidad sociocultural, son espacios idóneos para identificar y frenar cualquier tipo de agresión racista a través del desarrollo de habilidades cognitivas como el pensamiento crítico y la prevención y resolución de conflictos.

La organización Healthy Children manifiesta, además, que la interiorización de prejuicios y sesgos raciales es detectable ya en los primeros meses de vida, que funciona de manera similar a la adquisición del lenguaje y que se transmite a través de las reacciones ante las diferencias que las y los bebés reciben por parte de las personas de su entorno más cercano. Healthy Children ofrece también estrategias para abordar el tema del racismo con menores y adolescentes pero, sobre todo, destaca la importancia de que los padres y las madres afronten su propio sesgo racial siendo un ejemplo antirracista a seguir para sus hijos e hijas, procurando una red de amistades culturalmente diversa o involucrándose en las escuelas por un trato justo para los grupos más vulnerables.

La presidenta de la AAP, Sally Goza, alerta de que ignorar este cuerpo creciente de investigación que respalda que el racismo perjudica la salud de la infancia, incluso antes del nacimiento, debilitará el progreso hacia la equidad en materia de salud y bienestar de toda la población infantil y adolescente.



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