Eleanor Anne Ormerod . Wikipedia

La mujer que hoy protagoniza el artículo ocupa un lugar importante en la Entomología, tanto que en una sociedad que en muchas ocasiones ha invisibilizado el quehacer de las mujeres, sin embargo, vemos que el retrato de Eleanor Ormerod cuelga al pie de la escalera principal sur-este en el edificio Old College de la Universidad de Edimburgo, en el que se proclama que fue la primera mujer de Edimburgo licenciada con honores.

Eleanor Anne Ormerod nació en Reino Unido, en 1828.

Desde muy pequeña, se interesó por los insectos, de modo que comenzó a estudiar Entomología en 1852 en la hacienda familiar. Centró su trabajo principalmente, en insectos dañinos, perjudiciales para las plantas, bosques, animales domésticos. También se ocupó de caracoles, babosas, gusanos, hongos y de los equilibrios biológicos de la naturaleza.

Gracias a la intensidad de su investigación en este campo, llegó a ser una autoridad local sobre el tema. 

Dedicó su vida al servicio social de la ciencia; por ello, centró su trabajo en las plagas de insectos y el modo de combatirlas, para ello proponía el uso de sustancias químicas: queroseno, aceite mineral, agua y jabón; y métodos como la quema y la poda.

Publicaba informes y folletos, que ella misma pagaba para distribuirlos de forma gratuita con el objetivo de ayudar a la gente a terminar o reducir las plagas perjudiciales para la Agricultura. Su trabajo ayudó a la prevención de plagas y a la mejora de la agricultura. 

Publicó diferentes manuales sobre el tema objeto de sus estudios, entre otros, el Manual de insectos perjudiciales, con los métodos de prevención y reparación (1881) y el Manual de insectos perjudiciales para la huerta y arbustos frutales (1898).   

 

Llegó a ser miembro honorario de muchas instituciones, así como consultora de la Real sociedad Agrícola Británica. Asimismo, impartía conferencias en el Colegio Real de Agricultura y en el Museo Kesington.

En 1898 se creó la especialidad de Entomología económica; fue recomendada para ocuparla, pero no se la concedieron por ser mujer, a pesar de que ella era pionera en la materia. 

Tuvo reconocimientos en su época, entre otros, recibió el doctorado Honoris causa por la Universidad de Edimburgo en 1900. Fue la primera mujer a la que se le concedió.

Estudió de forma autodidacta Latín y Lenguas modernas.