Tras dos semanas del cese de la ley seca en el país africano, los crímenes machistas, que ya representaban un problema social grave, se han multiplicado. 

Sin embargo, para los grupos de derechos humanos de las mujeres, la reapertura de la venta de alcohol sólo representa la punta de un gran iceberg de violencia existente en Sudáfrica. Según la Organización Mundial de la Salud, las cifras de asesinatos de mujeres en manos de sus compañeros en el país son cinco veces más altas que el promedio mundial. 

En los últimos días, el país se ha visto conmovido por  asesinatos especialmente violentos de varias mujeres. En especial, el ahorcamiento de una mujer embarazada ha hecho alzar la voz de la ciudadanía, de los poderes políticos y de la policía.

“En demasiados casos de violencia de género, los perpetradores son conocidos por la víctima, pero también por nuestras comunidades. Por eso decimos que es un asunto de la sociedad, y no sólo de la aplicación de la ley. La violencia de género prospera en un clima de silencio. Con nuestro silencio, al mirar hacia otro lado porque creemos que es un asunto personal o familiar, nos convertimos en cómplices del más insidioso de los crímenes”, dijo el presidente Ramaphosa en un comunicado de prensa.

La situación en Sudáfrica es una muestra más de lo que les sucede en todo el mundo a miles de mujeres que han debido pasar el confinamiento en compañía de su agresor. En estos meses las llamadas a los números de emergencia relacionados con la violencia de género han aumentado exponencialmente, evidenciando lo que muchos grupos llevan denunciando hace años y que hoy es imposible ignorar.

Es por esto que el llamado de las asociaciones y la sociedad civil sudafricana es a denunciar,  a dar a conocer la situación de las mujeres y a tomar medidas multifacéticas que incluyan el control en la venta de alcohol, pero que sean más amplias e involucren a toda la sociedad.

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