La desigualdad de género genera importantes desventajas y es una vulneración de los derechos humanos que afecta mayoritariamente a las mujeres, aunque también a los hombres. Nos perjudica a nivel social, sanitario, económico y limita nuestras relaciones y posibilidades. Actualmente, la ONU alerta en un estudio sobre cómo la feminización de la pobreza implica que las mujeres sean más afectadas por el cambio climático, intensificando las consecuencias del calentamiento global sobre las necesidades básicas. En este mismo estudio también plantean cómo hay hombres que, siguiendo mandatos relacionados con la masculinidad hegemónica actual, son más violentos cuando se ven enfrentados a los impactos del clima. 

Así, las agencias de la ONU que han llevado a cabo esta investigación describen cómo  la violencia de género y la desigualdad de género restringen las oportunidades de las comunidades para afrontar los efectos del cambio climático e imposibilitan alcanzar la paz y la seguridad sostenibles. 

Por tanto, aunque el cambio climático afecta a toda la humanidad, impacta de forma diferente en cada rincón del planeta.  Hay millones de personas en grave riesgo, en su mayoría y con consecuencias más graves mujeres y niñas que son las proveedoras de comida, agua y energía, pero que a la vez cuentan con menos recursos para adaptarse a situaciones cambiantes. 

En el prólogo del estudio mencionado, Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, explica:  “Estas dinámicas de género aún son relativamente desconocidas a nivel internacional, y hay una falta de legislación. Este informe demuestra la conexión intrínseca entre género, clima y seguridad”. Plantea así que la crisis climática va más allá del clima, por lo que requiere propuestas que intervengan y contemplen los vínculos entre género, clima y seguridad

Para llevar a cabo la investigación publicada en el estudio, las autoras y autores han utilizado casos de estudio para evidenciar esta interconexión entre género, clima y seguridad para ayudar a los Gobiernos y legisladores a que identifiquen y construyan oportunidades para desarrollar sociedades resilientes, inclusivas y pacíficas.

A lo largo del informe se describen numerosos casos en los que la conexión entre la violencia de género y el cambio climático es clara. Uno de ellos es Pakistán, donde hay mujeres que  sufren violencia machista cuando no pueden proveer agua a sus hogares, y los hombres se vinculan a grupos criminales por esta falta de agua y energía. 

No obstante, también exponen varios casos que ya están teniendo éxito. En países de América Latina como Colombia, El Salvador y Ecuador, mediante enfoques basados en el género para la adaptación al cambio climático y la creación de cohesión social fomentados por el Programa Mundial de Alimentos, han logrado importantes contribuciones para fortalecer la seguridad alimentaria y la resiliencia.

De igual modo, en Sierra Leona, aunque la rápida urbanización, combinada con lluvias más fuertes y el aumento del nivel del mar, ha provocado el aumento de deslizamientos de tierra e inundaciones que dejan a los más vulnerables sin hogar, las mujeres que participan en espacios políticos de decisión hacen aportes importantes para que la comunidad sea más resiliente.

En definitiva, se hace visible una vez más que la desigualdad y la violencia tienen mayor impacto en las mujeres, y ponen las vidas de todas y todos en riesgo. Para solucionarlo es imprescindible contar con todas las voces, especialmente la de las mujeres más afectadas, porque ya están demostrando que cuando tienen reconocimiento y representación logran crear políticas transformadoras con impacto. 

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