Las Nuevas Masculinidades Alternativas, no son una novedad. Siempre han existido hombres con actitudes y comportamientos propios de las NAM. Algunos han pasado a la historia, otros han sido invisibilizados y muchos han vivido su coherente masculinidad en el anonimato con valentía, igualdad y posicionamiento ante la violencia.

“Tú, que no sé quién eres; tú, que lees estos versos míos que tienen ya cien años, oye:

No puedo ofrecerte una sola flor de todo el tesoro de la primavera, ni una sola luz de estas nubes de oro. Pero abre tus puertas y mira; y coje, entre la flor de tu jardín, el recuerdo oloroso de las flores que hace cien años murieron.

¡Y ojalá puedas sentir la alegría de tu corazón la alegría viva que esta mañana de abril te mando, a través de cien años, cantando dichosa!”

*(traducción de Zenobia Camprubí y J.R. Jimenez)

Con este poema cerraba Rabindranath Tagore, una de sus obras con más reconocimiento, “El jardinero”. Literalmente 100 años después, el regalo de su amor, entrega y pasión, inteligencia, coherencia, reflexión y valiente pacifismo sigue transformando pensamientos y vidas a través de la lectura y el diálogo de sus obras. Tagore fue un hombre multifacético que vivió en India entre 1861 y 1941. Literatura -fue uno de los más prestigiosos escritores indios de principios del siglo XX-, ciencia, educación y música, fueron algunas de las facetas en las que destacó.

Su obra desprende valores que fueron coherentes con su forma de vivir el amor, romántica y apasionada, alejada de toda violencia, con gran solidaridad y respeto hacia las personas, la naturaleza y la verdad, y con una mirada optimista y pausada capaz de describir la belleza de la vida. “Este amor nuestro es sencillo como una canción”, en el poema 16 de El Jardinero, es uno de tantos ejemplos de este tipo de amor ideal.

En 1913 recibió el premio Nobel de literatura. El Primer Nobel para una persona de origen no occidental. En su discurso de aceptación aseguró que el dinero no sería desperdiciado porque iría destinado a mantener la recién inaugurada universidad de Santiniketan, que pretendía ser y fue un espacio de diálogo intercultural en búsqueda de la verdad y la libertad. Sus potentes palabras aportaban también un alto valor a la solidaridad y al derecho al conocimiento. Con humildad manifestó que ese premio no le pertenecía a él, sino a todo lo que vivió.

Tagore fue contemporáneo con otros personajes trascendentales de la época, con los que tejió una relación en la que compartieron diálogos, como Gandhi o Einstein. En materia política fue crítico con los movimientos que no apoyaron y no se basaron en la libertad de pensamiento, cuestión clave con la tensión generada en su país durante la I Guerra Mundial, en la que se definió públicamente con una postura pacifista y exenta de nacionalismo.

Una de las grandes obras de Tagore fue la de desarrollar un proyecto vinculado a  la educación y a la formación de calidad, creó una escuela en Santiniketan (Hogar de la Paz), donde después se fundó la reconocida universidad, porque sostenía fervientemente que la educación es indispensable para el progreso social. De  ella  surgieron algunos alumnos que tuvieron mucha influencia en su tiempo, como es el caso de  Amartya Sen, economista formado en la escuela de Santiniketan y galardonado, también, con el premio Nobel, que destaca en su libro “India contemporánea” la figura de Tagore como el revolucionario defensor de la libertad, así como de la ciencia y de sus avances, que interpretó la verdad y el amor a través de la observación y la reflexión.

Amor, pasión, solidaridad, ciencia, saber, honestidad, modestia, respeto, reflexión, pacifismo…. son palabras, ideas, y realidades que estuvieron, están y estarán unidas a la persona de Rabindranath Tagore. 

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