Desde que la pandemia por la COVID-19 fuera declarada como emergencia de salud pública a nivel mundial, este tema no solo ha dominado las noticias en los distintos medios de comunicación, sino también gran parte de las conversaciones dentro de los hogares. Tal es así, que la Organización Mundial de la Salud alertaba ya en el pasado mes de febrero de que “no estamos luchando únicamente contra una epidemia; estamos luchando contra una infodemia”.

Además de tomar medidas para mitigar la propagación de noticias falsas, la ciencia también aborda el problema de la sobreabundancia de datos y conversaciones sobre COVID-19 que recibe la infancia y que, en muchos casos, expone a las niñas y niños a grandes cantidades de información y, a menudo, a altos niveles de estrés o ansiedad por parte de las personas adultas que los rodean.

Al respecto, Child & Adolescent Health, de The Lancet, ha publicado la investigación Protecting the psychological health of children through effective communication about COVID-19. Este trabajo recoge evidencias de las respuestas más efectivas desde el ámbito de la salud mental a la hora de abordar situaciones de emergencia a través de estrategias de comunicación que contribuyen al bienestar psicológico de la población infantil:

  • Los niños y niñas necesitan que sus personas adultas de referencia les hablen de manera honesta sobre las situaciones difíciles y los cambios que se producen en la dinámica familiar.
  • Es esencial escuchar lo que piensan sobre la transmisión de la enfermedad y proporcionarles explicaciones precisas sobre la misma y sus causas, sin subestimar ni sobreestimar su comprensión.
  • Las personas adultas tienen que ofrecer a los niños y niñas conversaciones sobre sus propias emociones y sentimientos sin abrumarlos con sus propios miedos, lo que les proporcionará seguridad para expresar lo que sienten desde un enfoque compartido.

El estudio concluye que la comunicación sensible y efectiva sobre enfermedades potencialmente mortales tiene grandes beneficios para la infancia y el bienestar psicológico a largo plazo de todo el entorno familiar. Evitarlo o pensar que son demasiado pequeñas o pequeños para entenderlo puede generar estados de desprotección, ansiedad y estrés, ya que la investigación demuestra que los niños y niñas son perfectamente conscientes de los cambios que se producen a su alrededor desde las edades más tempranas, por lo que hablarles de lo que ocurre les aporta estrategias psicológicas para asimilarlo y afrontarlo adecuadamente.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las niñas y niños están muy en sintonía con los estados emocionales de sus personas adultas de referencia y que a los cambios sustanciales en su rutina diaria y su infraestructura social, se les unen el efecto psicológico específico del confinamiento y la preocupación que reciben de su entorno familiar. Por ello, es esencial brindar información a la infancia, priorizar la comunicación sensible con ellas y ellos sobre COVID-19 y no dejar que hagan frente a sus propias dudas, preocupaciones y miedos en soledad. Tanto a nivel humano como de responsabilidad social, no se pueden ignorar los efectos psicológicos inmediatos y a largo plazo de esta situación global para las niñas y niños y jóvenes, que representan el 42% de la población mundial.

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