Los NAM somos hombres a los que nos gusta ser románticos: vivir el amor sin coacciones. Nos gusta cuidar, respetar, compartir, ser detallistas…, acciones que contribuyen a dar vida a ese pacto libre basado en el diálogo entre las personas, que es el amor ideal, y, además, acciones que hacen que el deseo en la relación no haga más que aumentar… vamos, en definitiva, ser románticos. ¿Y qué pasa? Creemos en el amor y en la pasión y desechamos la violencia para nuestras relaciones. 

Si tenemos en cuenta cómo se define actualmente la idea de amor ideal, tenemos que destacar que la ausencia de violencia, es decir, el rechazo total a las conductas de poder, a la presión y a la coacción, así como una defensa clara por la libertad y el respeto a la elección de cada persona, son las principales claves que configuran las relaciones soñadas desde el amor ideal. Desde esta perspectiva, las masculinidades podemos contribuir de manera significativa a la prevención de la violencia de género deseando este tipo de amor ideal, cuidando los detalles y los diálogos, y esforzándonos para que la pasión siempre vaya acompañada de los mejores valores y los sentimientos más profundos, sin renunciar nunca a ninguno de las dos. De esto no se deriva que deseemos o nos empeñemos en ser príncipes azules, pese a que sabemos que, aun con los roles propios de la época en que estos personajes fueron creados, se basaban en el amor y este excluía toda violencia

El amor, ese sentimiento profundo de deseo, de belleza, de atracción, se convierte en un elemento de transformación que facilita que los sueños de aquellas personas que libremente así lo deseen orienten sus relaciones. Este es el tipo de amor que tiene una Nueva Masculinidad Alternativa en sus relaciones, sean del tipo que sean, en la diversidad de formas, orientaciones o duración. Para un NAM, la relación no tiene sentido si no cumple esas características y no nos veremos ligados a alguien que no desea estar con nosotros. Además, no somos una especie rara: somos muchos los chicos y los hombres que deseamos y creemos en relaciones así. Es por eso que solo pretendemos tener relaciones con personas que desean lo mismo para ellas: por lo tanto, no mantendríamos una relación con alguien que deseara que fuéramos unos chulos dominantes, ni tampoco marionetas a quien manejar.

Si es verdad que el romanticismo supuso una revolución en la elección de las relaciones que superaron el feudalismo repugnante que reinó durante siglos, hoy podemos declarar que, como ya sabemos, la revolución del siglo XXI será la del amor, los NAM ya estamos contribuyendo a esta revolución defendiendo y proclamando que nos gusta ser románticos. Lo decimos sin tapujos, sin dudas, con toda la profundidad del sentimiento igualitario del amor y con toda la pasión y deseo por las relaciones soñadas que queremos vivir y gozar.

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