Florence Nightingale es considerada la precursora de la profesionalización de la enfermería. Su experiencia en un hospital de campaña atendiendo a soldados de la Guerra de Crimea la llevó a mejorar las condiciones sanitarias y a reducir el número de muertes, contribuyendo a un mejor diseño sanitario de los hospitales. La enfermería siempre ha estado al frente del cuidado y de la atención de personas enfermas y heridas, así como de colectivos vulnerables que precisan de atención sanitaria. Ante los desafíos provocados por la COVID-19, el personal de enfermería está también en primera línea de batalla. 

Un equipo de académicas de la enfermería acaba de publicar en el Journal of Clinical Nursing un artículo con reflexiones sobre la enfermería en el contexto de la COVID-19 [Life in the pandemic: some reflections on nursing in the context of COVID‐19]. En el artículo plantean que en todo el mundo las enfermeras están lidiando con la falta de suministros, de recursos y de equipos de protección personal, en condiciones incluso extenuantes, pero manteniendo siempre su compromiso profesional y dando respuestas a contrarreloj, creativas e innovadoras, ante los problemas que surgen. Parte de los buenos resultados obtenidos recientemente en Hong Kong, Singapur y Taiwán son atribuibles a la excelencia del personal de enfermería en la gestión de la emergencia sanitaria. 

Las autoras plantean que las enfermeras generalmente se convierten en enfermeras debido al deseo de ayudar a las personas a recuperarse y mantener su salud de manera óptima. En esta pandemia mundial las enfermeras se ven directamente afectadas a diferentes niveles, en todas sus áreas de trabajo e incluso en su salud física y emocional. Son muchas las que se han contagiado o que se contagiarán. A pesar de que son profesionales entrenadas para atender complicaciones de salud e incluso enfrentar la muerte, la gravedad de los enfermos por COVID-19 y la incapacidad para salvar algunas vidas puede afectarles física y emocionalmente. Ante esta situación de desconcierto y preocupación social, desde las comunidades también será importante cuidar a quienes cuidan. 

Enfermeras de todas las áreas, estudiantes de enfermería de los últimos cursos, jubiladas, académicas, y en todos los lugares del mundo, están respondiendo a las necesidades sanitarias entregando sus mejores conocimientos, disciplina y dedicación personal. Es necesario reconocerlas y agradecer su labor. Como afirman las autoras del artículo, las enfermeras son la columna vertebral de los sistemas de salud en todo el mundo y ahora esto se hace más evidente que nunca. 

En 1855 el periódico The Times escribía sobre Florence Nightingale, apodada la dama de la lámpara: “Mientras su grácil figura se desliza silenciosamente por los corredores, la cara del desdichado se suaviza con gratitud a la vista de ella. Cuando todos los oficiales médicos se han retirado ya y el silencio y la oscuridad descienden sobre tantos postrados dolientes, puede observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano, efectuando sus solitarias rondas.” En estos momentos de extraordinaria emergencia sanitaria, reconforta pensar en todo el personal de enfermería que recorre con sus lámparas cada pasillo de hospital, habitación, hotel medicalizado, residencia, ambulancia, sala de urgencias…, arrojando luz, ciencia y cuidados sin dejar a nadie atrás.  

Si quieres, puedes escribir tu aportación