Desde los últimos meses crece la preocupación entre personas dedicadas a la mejora de las niñas y de los niños, sobre cómo los y las profesionales de la educación pueden seguir contribuyendo a la creación de ambientes seguros para la infancia en estos momentos. El proyecto Making Caring Common de la Universidad de Harvard ha publicado una nueva versión online de su estrategia de mapeo de relaciones para alumnado de secundaria de forma que se asegure que todas las chicas y chicos tengan una fuerte conexión con otra persona adulta durante tiempos difíciles. 

Una de las recomendaciones que analiza el profesor Richard Weissbourd, codirector del programa de Psicología y Desarrollo Humano de la Harvard University, es dar relevancia al hecho de lograr que, a pesar del aislamiento físico que supone, por ejemplo, la epidemia del coronavirus, la infancia siga comprometida y conectada con sus compañeros y compañeras de la escuela. En una crisis las redes de apoyo son vitales para todas las personas, pero muy especialmente para la infancia. Las comunidades educativas escolares no sólo proporcionan información y conocimiento a los niños y las niñas, sino que también pueden ayudar a prevenir sentimientos de ansiedad y aislamiento.

Además de otras actuaciones que desde las escuelas podemos promover para lograr estas conexiones entre niños y niñas, la iniciativa Relationship Mapping tiene el objetivo de lograr que toda niña y niño de una comunidad educativa tenga al menos una relación positiva y estable con un adulto de la escuela. Una conexión positiva de estas características puede tener importantes beneficios como una menor intimidación, menores tasas de abandono y desmotivación escolar y mejores capacidades sociales y emocionales. Cuidar estas conexiones pueden tener resultados importantes tanto para el alumnado con dificultades en el hogar como en aquellos que tienen dificultades en la escuela o con sus compañeros y compañeras.

“El Mapeo de Relaciones” invierte tiempo en asegurar que todo el estudiantado sea conocido o tenga una relación de confianza y seguridad con al menos una persona adulta. Esta estrategia está permitiendo al profesorado identificar jóvenes que no tienen estas conexiones y se coordinan actuaciones para crearlas. Las personas “mentoras”, encargadas de realizar estos acompañamientos, se coordinan para ayudarse a la hora de diseñar trayectorias exitosas para todas las chicas y chicos sin distinción y para evaluar a lo largo del proceso qué logros y mejoras están suponiendo para este alumnado. Continuar liderando estrategias en los tiempos más difíciles para que las chicas y chicos más vulnerables puedan estar más protegidos es otro ejemplo maravilloso de la transformación y esperanza que desde los centros educativos podemos ofrecer a nuestras comunidades.

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