Cada vez somos más conscientes de que el impacto del COVID-19 van mucho más allá de lo sanitario. Igualmente, cada vez se hace más evidente que para que las consecuencias negativas sean las menos posibles en todos los ámbitos es imprescindible la solidaridad con todas las personas y, especialmente, con las más vulnerables. 

Así, el temor generado por esta pandemia está sacando lo mejor de muchas personas. Pero también hay personas que lo están utilizando como pretexto para manifestar su racismo en redes sociales y medios de comunicación.

El racismo se adapta a las circunstancias sociales y políticas modificando su expresión pública. Una de sus principales formas de perpetuación y manifestación es el discurso de odio, del que tristemente podemos encontrar múltiples ejemplos desde hace semanas.  Aunque el discurso de odio ya implica gravedad de por sí, su difusión por redes sociales aumenta aún más los riesgos debido a factores como la rapidez, el potencial de difusión o el anonimato, lo que genera, como ya ha señalado la Comisión Europea, un aumento de los delitos de odio racistas. 

El colectivo principalmente afectado ha sido la comunidad asiática y, en particular, las personas de origen chino. Se ha utilizado como pseudoargumentación, por ejemplo, la precaución sanitaria, se les ha culpado de la enfermedad o se ha pedido que no se les atienda en los servicios médicos, según señalan expertos en Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Como ya ha planteado la evidencia científica, el discurso de odio en redes es el caldo de cultivo para cometer agresiones verbales y físicas directas. A principios de marzo, un joven estadounidense de origen asiático era atacado verbalmente en Madrid y al tratar de defenderse los agresores le propinaron una paliza por la que estuvo en coma dos días.

Ante esta realidad, la comunidad asiática en España ha denunciado los ataques que están sufriendo tanto adultos como niños y niñas y han iniciado campañas upstander para combatir el odio en redes sociales utilizando hashtags en twitter como #NoSoyUnVirus. 

La comunidad china no es la única que está sufriendo agresiones a raíz del coronavirus. En su búsqueda de un chivo expiatorio, ha habido personas racistas que también se han dedicado a culpar a la comunidad gitana de la propagación del coronavirus. 

Aunque ha habido más casos, uno de los más famosos ha sido el de la localidad cántabra de Santoña. Según han informado asociaciones gitanas como Fakali , se están difundiendo bulos que acusan a las personas gitanas de saltarse la cuarentena e infectar espacios públicos. Estas entidades ya están actuando contra estos mensajes, apuntando que vuelve a considerarse a las personas gitanas como seres no evolucionados y subdesarrollados, fuera de la sociedad, lo que vuelve a ser en un ejemplo de criminalización étnica. 

En definitiva, el brote de coronavirus pone en riesgo todas las vidas, independientemente de su origen. Sin embargo, esta pandemia unida a la desinformación y al odio supone un debilitamiento de la democracia y de la justicia social, lo que afecta con más incidencia a los colectivos más vulnerables y los pone en una situación de riesgo aún mayor.  Desde las Naciones Unidas nos instan a que todos y todas tomemos medidas para resistir y combatir este aumento de la discriminación y del discurso de odio contra los asiáticos y otras minorías en los medios sociales. Lo único capaz de combatir el odio es la solidaridad y la valentía, la misma que ahora y tantas otras veces han demostrado tanto la comunidad china como la gitana.

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