La directora de la institución convocante y coordinadora del panel exclamó: “¡Machista!”, un grito que el micrófono hizo retumbar en toda la sala y alivió la indignación que habían sentido muchas mujeres de la audiencia. El famoso pedagogo F había dicho con mucho desprecio: “Cuando pasas por la salida de las escuelas ya no ves las mujeres de antes entregadas a sus hijos, ahora ya no se sabe si son madres o qué son”. 

R, el otro ponente del panel, había entusiasmado a la audiencia demostrando las grandes mejoras de resultados del alumnado que se lograban con un proyecto educativo que abría las escuelas a la plena participación de las familias. A F le enfadaba que no pudiera demostrar que ninguna de sus propuestas hubiera mejorado los resultados en ninguna escuela, le exaltaba que R rechazara todo tipo de corrupción y acoso, pero lo que le sacaba de sus casillas era que gustara mucho más que él.

Mientras que R siguió promoviendo la mejora de resultados en la educación y en la superación de la violencia de género, F siguió diciendo y haciendo lo que fuera mejor en cada momento para ganar más dinero y fama, lo cual le acercó cada vez más al lobby de acosadores. Ya como pedagogo de una radio pública, se dedicó a insultar y a atacar duramente al centro de investigación que apoyó a las víctimas. La radio pública se comprometió a rectificar dando voz a las víctimas, pero nunca cumplió su palabra, lo cual demuestra las alianzas que machistas como F tienen con altos niveles de poderes académico, mediático y político.

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