Antonia M. Varela Pérez nació en Santa Cruz de Tenerife en el año 1965. Cursó sus estudios completos de Física en la Universidad de La Laguna y se doctoró en la especialidad de Astrofísica en esa misma Universidad. Desarrolló y realizó su tesis doctoral en el campo de la Astrofísica Extragaláctica (Bulbos de Galaxias) en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en el que actualmente sigue trabajando como investigadora. Científica de nivel internacional, imparable, trabajadora tenaz, preocupada por el cosmos y por cambiar el mundo, ha escrito más de sesenta artículos científicos en revistas especializadas y ha realizado más de cien contribuciones en congresos y seminarios internacionales y nacionales. 

Antonia M. Varela es profesora de la Universidad de La Laguna, investigadora del IAC y Directora de la Fundación Starlight. La finalidad principal de esta fundación es la protección del cielo estrellado, la difusión de la astronomía y la promoción, coordinación y gestión del movimiento Starlight. Desarrollan proyectos, actividades, ideas, etc. orientados a ofrecer a la sociedad una manera diferente de valorar el cielo estrellado. La Fundación Starlight lucha por proteger el cielo, cuidando así un patrimonio científico y cultural de la humanidad y protegiendo también a todas las especies que necesitan de la obscuridad para su conservación. Desde la Iniciativa Starlight están también contribuyendo a la lucha contra la despoblación de algunos territorios y desarrollando el astroturismo o turismo de las estrellas. 

En marzo del 2019 recibió un premio por su trayectoria científica, premio que otorga la Comisión de Igualdad del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y en julio de ese mismo año, fue galardonada por parte del Geoparque Villuercas Ibores Jara, por su trabajo relacionado con potenciar el astroturismo como motor de desarrollo y calidad turística del territorio.

En primer lugar,  nos gustaría conocer un poco más sobre cuáles son los objetivos y el trabajo que estáis haciendo desde la Fundación Starlight. 

En primer lugar, les quiero agradecer muchísimo el darme la oportunidad de hablar de mi experiencia personal, que es diminuta, pequeñita, pero que puede ser de ayuda a otras jóvenes, chicas, niñas… que quieran optar por carreras científicas y tecnológicas. Creo que estoy en una posición un poco privilegiada, por eso quiero compartirla y animar a otras a hacerlo. Dicho esto, agradezco mucho al Diario Feminista que hayan contado conmigo, es un placer enorme y siempre, desde luego, pueden contar conmigo para lo que me necesiten.

Pues bien, como me preguntabas, los principios de la Fundación Starlight, que ahora presido, están inspirados en la llamada Declaración Starlight o Declaración de La Palma. Esta declaración fue promovida por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), del cual soy miembro porque soy doctora en astrofísica y personal del Instituto. El IAC siempre ha valorado mucho el cielo nocturno y, para poner en valor ese cielo nocturno, ha puesto en marcha una serie de iniciativas, entre ellas la que fue la Primera Ley del Cielo en el mundo.

Esta ley ha sido un ejemplo para otras comunidades autónomas y países como Chile, Hawái, que también han hecho lo mismo. Pero el problema de la contaminación lumínica no afecta solo a los científicos, sino también al resto de la humanidad y especies. En general, la sociedad no está concienciada ni es consciente de la importancia del valor que tiene el cielo oscuro, el cielo estrellado, como un patrimonio histórico, cultural y natural que tenemos.

Era preciso hacer un llamamiento mundial sobre la importancia de preservar el cielo nocturno. Es por ello que, en el año 2007, bajo una acción promovida por el IAC, se invita al Cabildo de La Palma y a la Reserva de la Biosfera de La Palma a organizar la I Conferencia Internacional de La Palma, invitando a representantes de diversos organismos internacionales como el programa MAB de la UNESCO, la Unión Astronómica Internacional (IAU) y la Red de Conocimiento de la Organización Mundial del Turismo (OMT), así como otras convenciones del Sistema de Naciones Unidas, como Ramsar, el Convenio de la Biodiversidad y la Convención de Especies Migratorias. De esta Conferencia surge un decálogo, diez compromisos que configuran nuestra carta magna, llamada “La Declaración sobre la Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas” (“Declaración de La Palma”. 2007).

La Fundación Starlight tiene como objetivos principales, en primer lugar, la protección del cielo nocturno como un valor cultural que hay que preservar y considerar como parte del conocimiento y de la cultura que debe ser compartida a la sociedad entera; en segundo lugar, la difusión cultural de la astronomía, es decir, difundir el conocimiento científico y los conocimientos de la astronomía porque debemos a la sociedad nuestro conocimiento; en tercer lugar, el alumbrado inteligente y el ahorro energético, con lo cual vamos siempre en la línea de mitigar el cambio climático; y, en cuarto lugar, el turismo de estrellas, es decir, una manera de divulgar la ciencia es a través de lo que llamamos turismo inteligente o turismo científico.

El turismo científico-astroturismo se puede dar en dos versiones: una, el turismo que va a visitar instalaciones científicas porque les encanta conocer, aprender en un observatorio astronómico, o visitar un acelerador de partículas o visitar cualquier otro centro de investigación. Y el astroturismo sería el turismo que va a visitar lugares de cielo excepcional oscuro para hacer actividades que explican e interpretan el cielo, pero desde la perspectiva Starlight (que es la primera institución que crea este concepto de astroturismo), es decir, ligando el cielo con lo que es la riqueza cultural, patrimonial, histórica y etnográfica. Es decir, cielo tenemos en todas partes, pero ¿por qué es distinto en un sitio o en otro? Hay que unirlo a su paleontología, su geología, su arqueología… Y eso es lo que lo hace singular. Estos son nuestros grandes retos y nuestros grandes objetivos. Luchamos, de forma indirecta, contra la despoblación porque, sobretodo, en los sitios rurales, más empobrecidos económicamente, son los que tienen mejor cielo. Entonces está convirtiéndose en un recurso muy potente para áreas más desfavorecidas, aldeas y pueblos en peligro de extinción.

Después de tanto trabajo, también llegan los premios y los reconocimientos. ¿Qué significan estos reconocimientos para ti en concreto y para la Fundación en general?

La verdad es que estaba muy sorprendida y no estoy acostumbrada a los premios, pero para mí han sido un espaldarazo porque, aunque uno no piensa nunca en ello, son un reconocimiento a tu carrera. Te sientes muy contenta porque has hecho mucho esfuerzo y muchos sacrificios, algunos relacionados con la condición de mujer porque implica tomar decisiones importantes en tu vida. Aparte de estar muy agradecida a las instituciones que me los han otorgado, para mí es sobre todo una gran responsabilidad. Recibir un premio debe ser algo que debe permanecer y perpetuarse y eso significa un compromiso permanente con la institución y con la sociedad. Yo les doy las gracias infinitas porque sé que, como yo, se lo merecen muchísimas más personas.

El premio otorgado a la trayectoria científica de mujeres, por parte de la Comisión de Igualdad del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, es un premio que se merecen muchas mujeres fantásticas y, bueno, me ha tocado a mí y yo lo agradezco muchísimo y lo comparto con todas las que han hecho tanto esfuerzo por estar donde están. Para mí un premio es un reto más, es un compromiso, es una responsabilidad para seguir trabajando en estos campos para lo que se me ha dado el premio, tanto desde el punto de vista científico, en la investigación en que yo me he especializado, como desde el punto de vista de la protección del cielo y difusión de la astronomía. Y quienes me lo han concedido saben que me tienen a su entera disposición para seguir trabajando y luchando por ello. Y en todo este trabajo, este compromiso de visibilizar a la mujer que, aunque ahora somos más visibles, no estamos más empoderadas, con lo cual también es una forma de decir: todas podemos, si queremos, podemos.  

¿Cuáles son o han sido, resumidamente, las investigaciones más relevantes en las que has participado en el IAC?

Mi primer trabajo científico quizás más importante, aparte de los artículos que he ido desarrollando, fue la tesis doctoral en sí que, aunque ya hace años que la publiqué, sigue estando hoy vigente. La desarrollé entre el Instituto de Astrofísica de Canarias y el Instituto de Astrofísica de París. Surgió una plaza de astrónomo residente, que se da solo a seis personas a nivel internacional y conseguí la plaza (era la única mujer). Tuve la suerte de contar con un apoyo enorme del IAC y tuve, no solo la oportunidad de contar con varias estancias de colaboración en el Instituto de Astrofísica de París, sino también la opción de asistir a cursos y congresos en Cambridge, Dublín, Heidelberg, Chile, Méjico, Suiza… fue una tesis de lujo.

El trabajo que hice fue la modelización, el estudio de la estructura interna de los bulbos de galaxias espirales. Y este trabajo sirvió luego para otra tesis doctoral que codirigí y, a su vez, tuve una nieta de tesis que aprovechó el trabajo para otro estudio. En segundo lugar, a partir de la tesis doctoral, aunque mi campo era extragaláctico, obtuve una beca postdoctoral para trabajar en un campo novedoso que era la caracterización de los observatorios. En los años 60, el profesor Francisco Sánchez, que es nuestro director emérito y ex director y fundador del IAC, empezó sus primeros trabajos en el Teide y en Fuente Nueva, en La Palma. Realizó estudios ópticos meteorológicos y vio por qué Canarias era excepcional para la astronomía y, a partir de la década de los 90, ya se empieza a cocinar la idea de un gran telescopio, que es el Gran Telescopio de Canarias.

Hacía falta estudiar las condiciones meteorológicas y ópticas que tiene un sitio para decir que es bueno para la astronomía y, dentro de un sitio, cuál es el mejor enclave. Se creó un grupo que se llamó Grupo de Calidad de Cielo y yo entré a formar parte de este grupo. Uno de los trabajos, que ya llevo treinta años realizando, es la caracterización de los observatorios de Canarias. De lo que me siento más contenta y orgullosa es de haber consolidado, junto a mi grupo de Calidad y Cielo, que Canarias sea un referente mundial para la astronomía. También es importante destacar nuestra contribución en otras comisiones internacionales para la selección de sitio del European Extremely Large Telescope o, por ejemplo, ahora estamos colaborando con el Telescopio Treinta Metros americano, consiguiendo que La Palma sea el lugar candidato a albergarlo, si no se construye en Hawái. Los trabajos realizados bajo estas campañas quizás sean los más relevantes o los que han tenido más repercusión a nivel internacional o nacional.

¿Cuándo y por qué empezó tu interés por la astrofísica?

Me encanta la pregunta porque se remonta a muchos años atrás. Siempre me gustaron las matemáticas y la física, sobre todo el preguntarme el porqué de todo, yo necesitaba entender todo, por qué ocurrían las cosas. Y eso ocurre de forma general en los niños y niñas. Sin embargo, a mi manera particular, me empezaron a gustar materias técnicas y, además, de trabajo de campo, me gustaba la arqueología, me gustaba la arquitectura. Tuve la gran suerte, con la edad de 14 años, de pasar un verano con mi familia en una casa de campo en una zona que se llama Monte de la Esperanza, en Tenerife, es un lugar de paso cuando vas al Teide. Era un sitio muy oscuro y despoblado.

Una amiga me regaló un libro de astronomía, “El Universo” de Isaac Asimov. Yo me acuerdo de pasar las noches leyendo el libro y contemplando aquellos miles de estrellas que parecía que se me caían encima. Entonces ya me enamoré del paisaje del cielo nocturno y, al ir leyendo, iba descubriendo y aprendiendo todo lo que entrañaba de física, de matemáticas, lo que eran explosiones, las supernovas, el núcleo síntesis, y pensaba oh dios, qué complejo. Me fascinó y decidí, con 14 años, que iba a estudiar astrofísica. Además, ya se daban en Tenerife los primeros pasos para la creación de lo que es hoy el Instituto de Astrofísica de Canarias y la impartición de la especialidad de Astrofísica en la Universidad de La Laguna.

¿Qué dificultades te has encontrado, como mujer, en tu carrera profesional? ¿Cómo ves la evolución de la mujer en ciencia, concretamente en tu especialidad? 

Me encanta que me hagas esta pregunta porque siempre lleva a la reflexión y a pensamientos que he ido madurando a lo largo del tiempo. Si me lo permites, quisiera hacer una pequeña reseña histórica sobre lo complicado que lo ha tenido la mujer a lo largo de la historia. Hay un libro de Claramunt, de ciencias experimentales, que dice que la ciencia es neutra y objetiva, sin embargo, a lo largo de la historia, se ha visto que ha sido androcéntrica y que ha habido una invisibilidad de las mujeres en ciencia, sobre todo en la rama de las matemáticas y la astronomía. En estas dos, la mujer ha sido asistenta familiar, es decir, siempre ha sido la ayudante de un marido, de un hermano astrónomo… Tales son los casos de Caroline Lucretia Herschel​, la hermana de William Herschel, descubridor de Urano; Sophia Brahe que, con su hermano Tycho Brahe, establecieron las primeras formulaciones de las órbitas de los planetas o, por ejemplo, la misma Maria Margarethe Winckelmann, alemana, que nunca pudo entrar en la academia de ciencias y descubrió un cometa que lleva el nombre de su marido; o, por ejemplo, Maria Mitchell, que fue la primera astrónoma americana y, aunque rompió un poquito los moldes, cobraba la tercera parte de sus colegas varones.

Dicho esto, teniendo en cuenta que la mujer hasta principios del siglo pasado no tenía derecho a estudios universitarios salvo, que yo conozca, en la Universidad Médica Salernitana y en la Universidad de Bolonia y hasta los años 60 tenía prohibida la entrada a instalaciones científicas y telescopios, es explicable la falta de referentes femeninos. La primera en hacerlo oficialmente fue Vera Rubin, una astrónoma americana en el año 62, y fue la que descubrió la primera evidencia observacional de la materia oscura. Vera Rubin tenía una frase muy curiosa que decía que la materia oscura, que es algo que no podemos detectar y todavía no sabemos bien lo que es, era tan elusiva como la igualdad. Con lo cual, en aquel entonces ya éramos conscientes de la dificultad que teníamos las mujeres.

Dicho esto, aquellas que hemos llegado a cumplir nuestros sueños y a estar donde queremos estar, no debemos perder nunca la perspectiva histórica. Yo creo que no solo ha habido siempre un techo de cristal, ha habido un laberinto de cristal. Desde mi perspectiva personal, me ha ayudado mucho tener una fuerte confianza en mí misma, quizás me vino inculcado de mi madre y de múltiples generaciones atrás de mi familia, de mi abuela, mi bisabuela, etc., fueron todas mujeres trabajadoras. Mi madre me inculcó también la idea de depender siempre y de valerme por mí misma, también económicamente, y la convicción de que podía conseguir lo que yo quisiera y que creyera en mis propias capacidades. Ese fue para mí mi baluarte. Por otra parte, siempre pensé, ¿qué quiero ser de mayor?, nunca pensé ¿qué quiero ser de mujer? Nunca pensé que mi sexo condicionara mi futuro.

Y, es más, nunca me sentí inferior a mis colegas varones. A veces, coincidí con unos más listos y otros más torpes que yo, fui número uno en mi promoción y esto también me dio ciertas garantías que no tenía menos capacidad que ellos. Pero sí que es verdad que siempre sentí que teníamos que esforzarnos más para conseguir la misma eminencia. Y siempre estaba aquel graciosillo que te gastaba la bromita de turno, pero nunca me condicionó. O aquel profesor que parecía ignorarnos (a las mujeres) en algunas ramas que parecían más dirigidas a los varones. Entonces, en cierta forma, incluso ya en la posición que estoy (tengo un contrato de ingeniero), promocioné a ingeniero senior mucho después que muchos compañeros varones de los que yo estuve en sus tribunales. Estos pasaron de interinos a fijos y luego a seniors y yo todavía estaba estancada en la misma posición. Hubo un momento que desperté y dije ¿qué pasa, que yo no me lo merezco? Entonces te das cuenta que tenemos que esforzarnos y cambiar las bases de muchas cosas para estar ahí.

Y hay que cambiar los roles, los patrones que se nos han configurado. Tengo muchas compañeras que renuncian. La mujer ha accedido al mundo laboral pero no nos hemos descargado de otras cargas. Hasta que no haya una plena conciliación y un pleno reparto de tareas, de cuidados, tanto de hijos como de padres, tareas domésticas, hasta que eso no sea absolutamente igual, equitativo y se comparta, no va a haber igualdad plena. Yo soy de la generación de que nuestros colegas se educaron en una sociedad con patrones machistas y han ido cambiando con nosotras, nuestras parejas han ido modificando lo que les inculcaron sus padres. Ha sido un periodo un poco de encaje. Y se ha ido consiguiendo, pero todavía queda por hacer, el empoderamiento de la mujer no es pleno. Muchas compañeras mías dicen: No, es que ser decana u otro cargo, supone renunciar a mi vida familiar… Y yo digo: No. Define tú cómo quieres dirigir una empresa, cómo quieres dirigir un centro. Define qué puesto quieres desarrollar, cómo quieres llevar tu vida, búscate siempre un espacio para ti, para los tuyos, pero intenta, por las demás, estar en esos puestos, porque seguro que las cosas van a cambiar desde que haya más paridad en muchos puestos de dirección y evitamos ciertos sesgos.

¿Qué le dirías a las nuevas generaciones femeninas para que siguiesen, si quieren, los pasos de mujeres como tú?

Yo siempre les digo, cuando imparto ponencias en centros de secundaria y de bachiller, que confíen en sí mismas, que confíen en sus capacidades, que no permitan que nadie las merme, que no permitan que nadie limite sus ilusiones, sus sueños, que se rodeen de personas positivas, de gente que les haga crecer, de gente que les haga creer en sí mismas, que les apoyen. Que no se sientan mal por renunciar a ciertas cosas, que no se sientan mal por estar menos tiempo con los hijos, seguramente les dedicarán un tiempo excelente cuando estén con ellos. Y el ver a una madre trabajadora, luchadora, creo que es un referente.

Yo tengo dos hijos varones, de los que me siento súper orgullosa, uno ha hecho ingeniería, otro ha hecho medicina. Y son dos niños fabulosos. Su madre ha faltado muchas veces, pero he intentado estar en todos los momentos, sobre todo en su infancia. Tuve la suerte de tener flexibilidad horaria, que la exijan. Yo me pude hacer el horario laboral acorde a sus jornadas escolares, de tal manera que los podía recoger y podía luego volver al trabajo, podía trabajar en casa. Entonces, si tú optas por querer compartir más tiempo con tu familia, deberían permitírtelo siempre que seas eficiente y cumplas con tu trabajo. Pero, sobre todo, que nunca dejen de luchar por eso que sueñan.

¿Qué sueños y objetivos profesionales te planteas para el futuro?

Desde la perspectiva profesional, como ya he comentado, estamos trabajando en el proyecto de caracterización del Observatorio. El sueño seria que grandes telescopios y infraestructuras de futuro se instalen en mis islas, en las Islas Canarias. Ese para mí es un reto importante, el poder seguir poniendo mi granito de arena para que eso suceda. Y desde el punto de vista de la Fundación Starlight, mis grandes sueños son que la sociedad sea consciente de que tenemos que luchar contra el cambio climático, que hay que hacer un esfuerzo por cambiar nuestra forma de consumir, nuestra forma de producir. Hay que reciclar, pero también hay que reutilizar.

Seguiré trabajando inculcando que la contaminación lumínica forma parte de ese deterioro del clima y que, por tanto, tenemos que iluminar inteligentemente nuestros pueblos, nuestras ciudades… La contaminación lumínica está condenando a muchas especies migratorias, aves, reptiles, anfibios…, pero también sabemos que la contaminación lumínica afecta a la salud, hay numerosas evidencias. Somos seres que hemos evolucionado en un planeta con día y noche natural, no nos hemos adaptado a alargar tanto el día, y esto está produciendo efectos muy nocivos para la salud. Un reto sería llegar a convencer de que este planeta fuera más sostenible para que cada vez haya más territorios Starlight en el planeta, es decir que desde cualquier lugar del planeta pudiéramos contemplar el paisaje del cielo estrellado. Otro de los retos, no sé si es una utopía, pero me encantaría que el ser humano tuviera una visión más cosmológica de lo que somos, es decir, que tuviera una visión realmente planetaria, que nos sintiéramos realmente habitantes de un planeta, de un planeta diminuto pero maravilloso. 

Los que trabajamos en aspectos que tienen que ver con protección de espacios naturales, de medio ambiente, somos muy conscientes del riesgo que corremos. Entonces mi reto y mi sueño sería conseguir, poquito a poco, que la sociedad fuera consciente de la importancia de preservar este cielo. Y que seamos capaces, como reza el primer artículo de la Declaración Starlight, que, ya que el cielo nocturno es un derecho inalienable de la humanidad, que preservemos este cielo para las generaciones futuras, que dejemos un cielo limpio, indemne para las generaciones que nos vienen. Y, por supuesto, la plena igualdad de la mujer en profesiones científicas y tecnológicas.