El método educativo Montessori existe desde hace más de 100 años y, sin embargo, pocos estudios se han dedicado a evaluar si es realmente efectivo o no para el aprendizaje y el desarrollo infantil, y por qué. El artículo “Montessori education: A review of the evidence base”, publicado en Nature Science of Learning; identifica y revisa algunos de los elementos clave del método y los contrasta con las evidencias científicas actuales, con el objetivo de ayudar al profesorado a comprender mejor sus bases y estimular futuras investigaciones al respecto.

Maria Montessori (1870-1952) fue una de las primeras mujeres en Italia en doctorarse en medicina. Se especializó en psiquiatría y pediatría y comenzó a desarrollar su método pedagógico en 1900 como directora de una escuela para niños y niñas con discapacidad en Roma. Los excelentes resultados obtenidos, equiparables a los del alumnado sin discapacidad de escuelas ordinarias, llamaron la atención en el sistema educativo italiano y Montessori comenzó a analizar qué elementos distinguían su método en comparación con otros más extendidos que parecían frenar el desarrollo dificultando a los niños y niñas alcanzar todo su potencial. Una de las claves era que el objetivo educativo para Montessori era potenciar al máximo y desde las primeras edades el desarrollo intelectual, físico, emocional y social a través del vínculo entre docentes, alumnado y entorno en ambientes estimulantes muy cuidados para la exploración activa de los niños y niñas. En este sentido, diseñó un conjunto de materiales manipulables desarrollados para apoyar el aprendizaje sensorial y dirigidos específicamente al aprendizaje de las matemáticas, la lectoescritura, las ciencias, la geografía y la historia.

Actualmente contamos con pocas evaluaciones sólidas sobre este método y las que existen presentan varias limitaciones metodológicas que dificultan conocer qué elementos específicos funcionan realmente y cuáles no. En este estudio, Marshall (2017) realiza una revisión de la investigación más relevante sobre el método en general y de otros trabajos que examinan algunos de los elementos de la educación Montessori. La revisión concluye que ninguno de los estudios discutidos hasta el momento ha aislado los elementos específicos que podrían explicar cualquier efecto del método Montessori y habría que delimitar cuánto tiempo de la jornada escolar se dedica en las aulas Montessori a algunas de las habilidades instrumentales para el éxito académico y qué ocurre exactamente en las aulas convencionales con las que se realiza la comparación.

Acerca del desarrollo de la creatividad verbal y no verbal, una característica comúnmente atribuida al método Montessori, los estudios que la han evaluado han encontrado puntajes casi el doble de altos en ambas dimensiones en los niños y niñas de escuelas convencionales con respecto a los grupos Montessori (Dreyer & Rigler, 1969, 2015). No obstante, las evidencias científicas actuales son sólidas a la hora de respaldar, al menos, dos elementos del método Montessori. Por un lado, la alfabetización temprana a través de la enseñanza sistemática de la lectura mediante la lógica que ofrece la fonética, permitiendo que los niños y niñas conozcan desde la etapa infantil la correspondencia sonido-grafía para descifrar el código alfabético en un contexto de lenguaje rico. Por otro lado, con respecto a la enseñanza de competencias matemáticas, también continúa existiendo evidencia de que los materiales Montessori, utilizados adecuadamente con ese objetivo académico, pueden continuar hoy siendo útiles para proporcionar a las niñas y niños más pequeños una base sensorial para el aprendizaje de conceptos numéricos, geométricos y operaciones matemáticas.

Independientemente de la aplicación de unos métodos u otros, las evidencias científicas continúan presentando sólidas evidencias de que las altas expectativas académicas desde edades tempranas y las interacciones y el diálogo en entornos educativos que involucran a las familias y a la comunidad en el aprendizaje, son la clave en la actual sociedad de la información. Maria Montessori fue una mujer de ciencia que valoraba el método científico en educación, por lo que es coherente deducir que no hubiera mantenido su pedagogía estática durante más de cien años. Por ello, es importante consolidar la formación científica del profesorado para que, más allá de las modas, adquiramos competencias para identificar críticamente la base de evidencia que sustenta cada práctica o actuación educativa que implementamos en las aulas.

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