Un estudio realizado por investigadores e investigadoras del campo de las ciencias de la salud y la gestión, publicado el pasado mes de Diciembre en la revista BMJ, nos trae resultados sorprendentes, aunque también esperables: “Gender differences in how scientists present the importance of their research: observational study”. Sabemos que las mujeres continúan estando infrarrepresentadas en las facultades de medicina y ciencias en general. Teniendo esto en cuenta, Lerchenmueller, Sorenson y Jena se preguntaron por la forma cómo presentan los resultados de sus investigaciones los dos géneros. Los investigadores hombres difieren de cómo lo hacen las mujeres, y si esto podría tener alguna relación con la desigualdad entre mujeres y hombres en la academia. Y en particular, querían saber si difiere también el hecho de enmarcar los resultados utilizando expresiones positivas, como pueden ser “novel” o “excelente” (entre otros), y qué impacto tiene utilizar este tipo de terminología en el número de citas que los artículos reciben.

Para ello, Lerchenmueller y colegas analizaron los títulos y resúmenes de un total de 101.720 artículos de investigación clínica, y aproximadamente 6,2 millones de artículos generales de ciencias de la vida indexados en la base de datos PubMed y publicados entre 2002 y 2017. Seleccionaron un conjunto de 25 términos positivos (e.g.: novel; “Unique”; “Promising”; “Favorable”; “Robust”; “Unprecedented”; “Astonishing”, entre otros), y estimaron su uso según la composición de género de los/las autoras de los artículos seleccionados, y ajustando según la revista científica, año de publicación, impacto de la revista y campo científico.

Los resultados muestran que, una vez más, el género está presente en cómo investigadoras e investigadoras escriben y presentan los resultados de sus investigaciones. Los investigadores hombres son quienes tienden a utilizar más expresiones positivas. En este sentido, aquellos artículos en los que tanto el primer como el último autor eran mujeres usaron al menos uno de los 25 términos positivos en el 10.9% de los títulos o resúmenes, contra el 12.2% para los artículos que involucraron a un primer o último autor masculino, lo que corresponde a una diferencia relativa del 12.3%.

Las diferencias de género en la presentación positiva fueron mayores en las revistas clínicas de alto impacto (factor de impacto> 10), en las que las mujeres tenían un 21,4% menos de probabilidades de presentar una investigación positiva. En todas las revistas clínicas, la presentación positiva se asoció con un 9,4% de citas posteriores más altas, y en revistas clínicas de alto impacto 13,0% citas más altas. Los resultados fueron similares cuando se ampliaron a artículos generales de ciencias de la vida publicados en revistas indexadas por PubMed, lo que sugiere que las diferencias de género en el uso positivo de palabras se generalizan a muestras más amplias.

Con todo, volvemos a tener evidencias empíricas sobre el impacto de las diferencias de género en la academia, y en este caso, en cómo escribimos y presentamos los resultados de nuestras investigaciones de forma diferente, hombres, y mujeres. Sin duda, más investigación sociológica en este campo podría aportar luz al porqué las investigadoras tienden, en general, a utilizar un lenguaje más neutro, y las implicaciones que de ello se derivan.

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