Ya se ha mencionado en diferentes artículos en este diario la existencia de mitos de género y ocurrencias que perjudican gravemente la consecución de la igualdad, la erradicación de la violencia de género y la consolidación de la libertad sexual. A menudo, en ciertos ambientes, estos mitos y ocurrencias se vuelven en discurso coercitivo sin base científica contrastada. En esta entrada vamos a profundizar en ello intentado vincular los ámbitos de las masculinidades y la diversidad sexual. 

Volviendo a los mitos de género, en ocasiones se afirma que el modelo hetero-patriarcal reproduce relaciones afectivo-sexuales violentas y sexistas y que ello no repercute en las relaciones y deseos no normativos porque son más libres y menos condicionados a este esquema. Esto se subraya en ocasiones con los hombres homosexuales. Este tipo de afirmaciones son inequívocas y no se acercan a aquello que las evidencias científicas ya han señalado, y que también observamos en los análisis en las redes sociales.

Por ejemplo, existen evidencias importantes en el campo de los estudios de género y de las ciencias del comportamiento que señalan que los hombres homosexuales manifiestan desear hombres con actitudes agresivas y dominantes en sus relaciones afectivo-sexuales. De hecho, revisando los mensajes de algunas redes sociales dirigidas a estos hombres se observan afirmaciones que lo confirman: los chicos malos son los que terminan llevándose el premio gordo y despertando pasiones a diestro y siniestro. La bondad no está de moda. Estos datos están en la línea de lo que la literatura científica ha nombrado como discurso coercitivo, que es aquel que está forjado en interacciones que vinculan el atractivo con la violencia. De modo que existen indicios para afirmar que este discurso tiene influencia en las relaciones de todo tipo, independientemente de su orientación. 

Dicho discurso coercitivo adopta diferentes formas, también con relación a la libertad sexual. En este sentido, con frecuencia se articulan espacios de socialización entre hombres homosexuales donde se crean presiones para realizar determinadas prácticas sexuales, sin que exista verdadera libertad para escogerlas. De hecho, el problema no son dichas prácticas, ya que forman parte de la libertad personal, sino que la imposibilidad de decidir libremente si se practican o no. 

Ante las realidades planteadas en las líneas previas, se requieren masculinidades alternativas que hagan frente a estos discursos coercitivos que demuestren que la valentía va acompañada de la bondad, el atractivo y la libertad sexual.    

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