Al recibir la carta con el primer rechazo de su tesis doctoral, a la doctoranda, víctima y partícipe de la denuncia pionera contra un catedrático por acoso sexual en su facultad, se le pidió realizar una entrevista con una de las dos personas que impugnaron la tesis.

Según la decana de ese momento de la facultad donde se produjo dicha denuncia, esta impugnación de tesis venía motivada por varios elementos del contenido de la tesis, siendo los siguientes los más importantes: a) la responsabilidad de la institución ante el caso de acoso sexual y la prescripción del mismo; b) la falta de respuesta por parte de la decana misma ante la primera carta de denuncia recibida; c) la aprobación del protocolo de prevención, detección y actuación contra el acoso sexual; d) la falta de apoyo e información a las víctimas en el proceso seguido por la universidad; e) las represalias académicas sufridas por la primera denunciante y el acoso de segundo orden hacia quienes la apoyaban; f) la importancia atribuida en el caso a la intervención de la Universidad de Harvard; g) las declaraciones de la decana en la instrucción del caso; así como h) la complicidad de la institución con los hechos denunciados. Estos elementos, que ocupaban una mínima parte de la tesis doctoral, fueron sin duda relevantes para la imagen de la institución y de misma decana.

Ante dichos aspectos, las personas firmantes de la carta, decana y presidenta de la comisión de igualdad de la facultad (ambas ya no ocupan dichos cargos en la universidad) requirieron a la doctoranda entrevistar a las personas que ellas consideraron. La entrevista con la comisión de igualdad es asunto para otro Omertá. La entrevista con la decana fue tensa y con constantes contradicciones y ataques. La falta de argumentos por parte de la misma quedó de manifiesto y sus enfados y gritos, también quedaron grabados.   

La doctoranda acudió a la entrevista, a plantear preguntas como las siguientes, objeto de estudio de su investigación doctoral: a) ¿Cómo se explica la diferencia entre las acusaciones hacia el catedrático denunciado que tardaron un año en llegar a Fiscalía (cuando los hechos habían prescrito), y él tuvo la oportunidad de saber quién lo acusaba y de poder defenderse; y, en cambio, las acusaciones contra las personas que defendieron a las víctimas son anónimas, sin que ellas se pudieran defender, y llegaron muy rápido a fiscalía?; b) ¿Cómo es que en la UB aparta de la comisión de igualdad a las mujeres que no solo han defendido más a las víctimas, sino que también han hecho más investigación en el tema?; c) ¿Qué explicación se da a que haya víctimas que no se atreven a denunciar? ¿Será que no se sienten protegidas por los cargos institucionales?

Precisamente, estos asuntos motivaron el rechazo de la tesis, la obligación de las entrevistas y la necesidad de justificación por parte de la institución; pero no solo eso, sino que la aprobación de la tesis era condicionada a la afirmación de una implicación positiva por parte de la institución en el caso, hecho al cual no solo le falta la verdad, sino que es contrario a la realidad; las víctimas se encontraron con ataques y represalias, y también sus apoyos, que sufrieron acoso sexual de segundo orden por su valiente postura a favor de las víctimas y en contra del acosador. Asuntos como el procedimiento del decanato y de la comisión de igualdad, junto a la falta de intervención institucional, quedaron así patentes durante el transcurso de la entrevista, que acabó con un enfado y con la expulsión física de la doctoranda del despacho.

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