Afortunados niños y adultos abrirán hoy un montón de paquetes como obsequio de los Reyes Magos. Cuantos más bultos, mejor. Hay que ser espléndido al regalar, hay que disfrutar de lo mucho al recibir, y si este muchísimo ha salido bien de precio, miel sobre hojuelas.

Camisetas muy a la moda y, además, baratas. Pantalones baratos, jerséis baratos, parkas baratas, wambas baratas. Se trata de saber comprar, economizar, ir a la moda por poco dinero y acumular prendas en los armarios y, en cualquier caso, como en el día de Reyes, obsequiar a tutiplén.

Entre todas estas personas, ¿alguien se ha detenido a pensar en las otras muchas, lejanas pero tan humanas como ellas, las que han confeccionado lo que ahora lucirán a plena satisfacción? Justo a principios de diciembre, este mes navideño occidental, en Nueva Delhi murieron abrasadas 43 personas que dormían en la misma fábrica donde trabajaban y que se incendió a medianoche. Otros 16 jornaleros sufrieron heridas, mientras que 162 salieron ilesos. Una suma de más de 200 seres humanos cuya existencia transcurre, para los que continúan con vida, en un edificio de cuatro plantas dentro del cual cosen bolsas y prendas de vestir, comen entremedio, duermen en jergones. Cobran 150 rupias diarias, equivalentes a 2 euros. Total, 60 euros mensuales. ¿Para qué más, si pasan los días confinados, si afuera no encuentran otras posibilidades?

Gracias a estos desdichados aquí se destapan envoltorios y más envoltorios para descubrir bonitas camisetas adquiridas por solo 10 euros, incluso menos. Gracias a ellos, el patrimonio de los muy ricos se acrecienta sin cesar. La desvergüenza de empresarios, financieros y gobiernos tampoco deja de crecer. Lo único que no germina es la reflexión de muchos de los consumidores, incapaces de dejar de comprar objetos procedentes de la máxima explotación.

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