Cuando se acercan las fechas navideñas, se suceden los encuentros familiares en muchos hogares de occidente. Esos encuentros ocurren al mismo tiempo que aumenta el número de personas mayores solas a nuestro alrededor, especialmente mujeres. Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística indican que hay un 19,4% de personas mayores de más de 65 años en España, una cifra que no ha dejado de aumentar desde 2008, año en el que el porcentaje se situaba en el 16,44% (INE, 2019).

A este dato, se suma que, según lo publicado por el mismo Instituto, del total de personas viviendo solas en España, el 43,1% tienen 65 años o más, y de ellas, un 71,9% son mujeres. En ocasiones, la edad y el hogar unipersonal requieren la existencia de unos servicios que aborden situaciones de atención especializada, sobre todo cuando se dan realidades de dependencia que el entorno más inmediato no llega a cubrir. 

El hecho de ser mayor de 65 años y vivir sola no implica necesariamente tener un sentimiento de soledad. Hay muchas personas que lo eligen, que tienen una amplia vida social y cuentan con redes de amistad que aportan una calidad de vida que puede ser mayor a la de otras personas que, por ejemplo, tienen relaciones tóxicas sin vivir solas. Nuestras sociedades son cada vez más diversas y la libertad de elección es clave.

Aún así, la soledad es una realidad que se aborda desde diferentes ámbitos también en estas fechas. Existen iniciativas solidarias que promueven la existencia de alternativas para las personas mayores que están solas de forma no deseada, desde cenas conjuntas de Nochebuena en centros cívicos hasta actividades de voluntariado para la preparación de las cabalgatas de Reyes.

La soledad no deseada debe visibilizarse para seguir generando alternativas que abran posibilidades de elección y aumenten la calidad de las relaciones sociales para todas las personas.

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