Mucha literatura ha explorado y debatido sobre los beneficios de aumentar la presencia de mujeres en los consejos de dirección de organizaciones y el potencial impacto positivo de la diversidad de género en puestos de liderazgo. Además, desde hace ya décadas estudios empíricos han comprobado que líderes hombres y líderes mujeres difieren sistemáticamente en lo que son sus valores centrales, el estilo de liderazgo que practican y las actitudes que toman en relación con el riesgo percibido. Por otro lado, no es novedad que las mujeres están subrepresentadas tanto en la esfera política como en la empresa privada, siendo especialmente aguda la subrepresentación en el sector tecnológico. 

Aportando a este debate, Jingnan Chen y Daniel Houser han realizado un estudio, publicado recientemente en The Leadership Quarterly: “When are women willing to lead? The effect of team gender composition and gendered tasks”. En este estudio ambos investigadores indagan cómo y por qué, como resultado de los estereotipos de género en un grupo, su composición según el género afecta a la predisposición de una persona para liderarlo y al rendimiento general del grupo. 

Chen y Houser han encontrado que la composición de género de un grupo modera significativamente lo que ellos definen como el “efecto de los estereotipos de género”, el hecho de que se espere que las personas se desempeñen mejor cuando las características requeridas para una tarea determinada son congruentes con los estereotipos de género, “estereotipos positivos” sobre su grupo social; y por el contrario se espera que las personas rindan peor cuando estas características son incongruentes con los estereotipos de género, “estereotipos negativos” sobre su grupo social. 

En particular muestran que, a través del efecto del estereotipo de género, la composición de género de un grupo afecta el desempeño de tal grupo, al influir en la disposición de los miembros más capaces de querer asumir roles de liderazgo o no. Tanto hombres como mujeres tienen más probabilidades de sufrir el efecto del estereotipo de género y de evitar roles de liderazgo en aquellos campos que se consideran incongruentes con su género cuando el lugar de trabajo es de género mixto (por ejemplo, mujeres en puestos tecnológicos). 

Alertan los autores que, evidentemente, crear lugares y grupos de trabajo compuestos por un solo género no es ni mucho menos la solución, ya que aún cuando esto se da, las mujeres continúan siendo víctimas de los estereotipos (¡aún en grupos compuestos solamente por mujeres!). La evidencia de este estudio sugiere que, en caso de grupos mixtos, tanto las mujeres líderes como los hombres líderes surgen -y obtienen mejores resultados- cuando se reconoce públicamente su buen desempeño. Esto último es altamente beneficioso y relativamente fácil de implementar en organizaciones de diversos tipos.

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