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Los avances cosechados para la igualdad del colectivo LGBTIQA+ son evidentes e incuestionables. Los derechos conquistados en un importante número de países, así como la despatologización de la homosexualidad y la transexualidad, son ejemplos claros de ello. Sin embargo, existen aún algunos temas que están en debate y que forman parte de la lucha del colectivo por la igualdad efectiva. Entre estos temas se encuentra la utilización de baños y vestuarios en espacios públicos como, por ejemplo, las escuelas y las universidades. En este sentido, recientemente en Cataluña la Universitat Pompeu Fabra ha abierto baños “inclusivos” para aquellas personas que no se identifican con el sexo biológico con el que nacieron. 

Resulta muy importante plantear ante esta realidad, que se está empezando a desarrollar también en centros escolares de enseñanza primaria y secundaria, tres aspectos clave: cuáles son las evidencias científicas de que disponemos, qué recomendaciones internacionales se están planteando, y qué medidas se están llevando a cabo en las instituciones de educación superior de mayor prestigio como Harvard, Massachusetts Institute of Technology o Princeton. Con el presente artículo se pretende ofrecer un poco de luz al respecto partiendo de estos tres aspectos. 

Primero, según la literatura científica de impacto científico y que recoge la voz de las personas transgénero, éstas se manifiestan a favor de la construcción o creación de baños o vestuarios de género-neutro o no-binario en los centros educativos. Esta propuesta beneficia a todas las personas, independientemente de cómo se expresen o identifiquen respecto a su género. Además, no excluye ni a las identidades binarias ni a las no binarias y mantiene espacios dirigidos a ambos colectivos.

Segundo, organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, en sus recomendaciones sobre la inclusión del colectivo LGBTIQA+ ponen de relieve la importancia de asegurar un acceso seguro y no discriminatorio a los baños de personas transgénero. Por otro lado, el Parlamento Europeo también plantea la relevancia de asegurar la privacidad y el respeto en este ámbito asegurando la utilización de baños o vestuarios individuales en algunos espacios públicos.  

Tercero, tanto en Harvard como en el MIT o como en Princeton, se apuesta por la creación de baños adicionales –no binarios– a los ya existentes baños de género binario. En la mayoría de los casos su creación viene de la mano de las demandas de los grupos LGBTIQA+ de dichas universidades.  

Estos datos y posicionamientos tan relevantes y rigurosos son útiles para responder a imposiciones acientíficas que a menudo se escuchan en los debates sobre los baños “inclusivos”. Plantear como alternativa única y exclusiva la creación de baños y vestuarios sin género como mecanismos para la inclusión del colectivo LGBTIQA+ no es garantía ni de éxito ni de mayor inclusividad. La ciencia nos muestra el beneficio de ofrecer pluralidad desde el respeto a todas las diversidades, también la binaria. También nos lo enseñan aquellas universidades con políticas integradoras que escuchan directamente a los colectivos. Por lo tanto, ante imposiciones acientíficas, posicionamientos contundentes que ofrezcan desde la igualdad de las diferencias una mejora para todo el mundo. 

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