Portada del Estudio exploratorio sobre el acoso sexual en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

El acoso sexual y la violencia contra las mujeres en las universidades de Guatemala era una situación normalizada en la que imperaba una férrea ley del silencio. Este país tiene una de las tasas más altas de acoso y violencia contra las mujeres en toda Latinoamérica habiendo llegado a incrementarse hasta un 98% entre los años 2010 y 2017.  

Cuando Ana Sáenz de 20 años, una estudiante de ciencias políticas de la universidad de San Carlos, condujo un estudio de investigación en torno al alcance del acoso sexual en las universidades guatemaltecas, desconocía que su trabajo tendría un alcance e impacto a nivel nacional en beneficio de todas las mujeres estudiantes.

Los datos de otros estudios en torno a este tema ya habían revelado que prácticamente la totalidad de las mujeres en Guatemala estaban condenadas a sufrir acoso sexual por norma general. La preocupación por estos alarmantes datos, llevaron a Sáenz, apoyada por UN Women, a liderar la Comisión de género de la Asociación de Estudiantes de Oliverio Castañeda de León y a diseñar e impulsar su propio estudio sobre este tema en su campus universitario con el fin de recabar datos y testimonios de las víctimas para visibilizar el problema y contribuir a la ruptura del silencio en torno a la violencia sexual.

Así, el estudio contó con más de 700 testimonios de abuso sexual y reveló que los perpetradores eran en su mayoría conocidos de las víctimas ya fueran profesores, otros estudiantes o personal de la universidad. La investigación de la estudiante fue más allá indagando también en la frecuencia y recurrencia con que estos abusos se producían. Las víctimas que respondieron al estudio afirmaban sufrir este acoso en una frecuencia que iba desde alguna vez al mes (21,7%), así como varias veces a la semana (17%), y llegando incluso a repetidas veces en un día (10,5%).

En este sentido, Sáenz denuncia que la ausencia de mecanismos institucionales por parte de las universidades para proteger a las denunciantes es un aspecto que dificulta los procesos formales de denuncia, la persecución de los abusos y que además fomenta la repetición. Es, de hecho, por miedo a las represalias, que más del 50% de las víctimas que habían respondido al estudio de Sáenz aseguraban no haber denunciado lo sucedido. 

Sólo cuando se generó un espacio seguro para las mujeres entorno a la comisión de género de la que Sáenz formaba parte, las mujeres y estudiantes del colectivo LGTBIQ+ que se sentían discriminados acudieron a denunciar. Así fue cómo a través del proceso de ruptura del silencio, las estudiantes pasaron “de víctimas a activos de cambio”.

La literatura científica ya ha demostrado las negativas consecuencias para las víctimas que repercuten no sólo a nivel de salud sino también sobre el rendimiento académico y que elevan las posibilidades del abandono de sus estudios. Como dice Adriana Quiñones, miembro de UN Women: “Esta situación no solo restringe las oportunidades y la movilidad de las mujeres, sino que impide a nuestra sociedad entera”.

La repercusión del estudio de Ana Sáenz en la universidad junto con el apoyo institucional, ha posibilitado el desarrollo y lanzamiento de un protocolo para prevenir, sancionar y eliminar el acoso sexual en la universidad de San Carlos que ya está sirviendo de modelo para otras universidades que se han sumado a la erradicación de la violencia en sus campus. 

Algunos estudios han demostrado cómo a diferencia de las universidades de mayor prestigio internacional, en el caso de España muchas universidades tampoco cuentan con protocolos formales de actuación así como procedimientos para acompañar el proceso de denuncia de las víctimas y prefieren ocultar lo que sucede frente a posicionarse en favor de las víctimas.

El apoyo institucional es crucial así como  las redes de apoyo y solidaridad que se posicionan y protegen a las víctimas. Y es por ello que las escuelas que están implementando medidas de prevención de violencia 0 desde los 0 años ya están contribuyendo a erradicar las agresiones de todo tipo en sus centros y dotando de atractivo a aquellos quienes las denuncian.

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