En la última década las investigaciones sobre violencia contra las mujeres, y en particular sobre violencia sexual, han aumentado considerablemente. Esto es altamente positivo porque la sociedad cada vez dispone de más información y evidencias sobre la problemática, un punto de partida esencial para poder superarla.  

Es bien conocido, como desde sus inicios ha denunciado el movimiento feminista, que la violencia sexual no es ejercida únicamente a través de la fuerza. Es decir, que hay otros elementos, situaciones de poder y estrategias de manipulación que pueden vulnerar de manera abusiva la libertad, autonomía, igualdad y capacidad de consentimiento de las víctimas. Sería el caso del control coercitivo y de la coerción sexual. 

La investigación publicada recientemente en Violence Against Women, The Impact of Coercive Control on Use of Specific Sexual Coercion Tactics, ha indagado sobre las estrategias de control coercitivo y sexual ejercidas por algunos hombres en parejas heterosexuales, empleadas con el fin de generar ambientes tóxicos que erosionan la autonomía de las víctimas. 

Uno de los resultados muestra que el control coercitivo y la coerción sexual suelen ir aparejadas, es decir, que las parejas que ejercen control coercitivo, tienen más probabilidades de usar tácticas sexualmente coercitivas para obtener relaciones sexuales no deseadas de su pareja. Entre las estrategias coercitivas, el estudio ha identificado la amenaza de abandono de la pareja o de difundir rumores sobre ella. También, la manipulación, el chantaje y la amenaza de consecuencias más negativas si no ésta no se somete, lo que genera sentimientos de desesperanza e impotencia en las víctimas. 

Una característica común de todas estas tácticas empleadas es su invisibilidad, por ello es importante desenmascararlas. Muchas víctimas no pueden clasificar estas experiencias de abuso como violencia sexual por el mito expandido de que la violencia sexual se ejerce mediante la fuerza. Además, la naturaleza coercitiva de esta coerción y control sexual hace que sea difícil de probar judicialmente y de identificar socialmente por parte de personas del entorno de las víctimas, lo que puede restarles credibilidad. 

Ante esta realidad, exponer la existencia del control coercitivo y de la coerción sexual es importante para acabar con el abuso y la complicidad de los agresores. Las evidencias científicas arrojan luz ante la oscuridad y el silencio. 

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