Los trastornos de la conducta alimentaria suponen a nivel internacional una de las enfermedades mentales con mayor mortalidad, debido a las consecuencias físicas que provocan y por el suicidio. Un estudio recientemente publicado en la revista American Journal of Public Health, ha explorado el uso que hacen las mujeres jóvenes de pastillas para adelgazar y de laxantes, y la relación de esto con el desarrollo de posteriores trastornos de la conducta alimentaria (“TCA”, en sus siglas en castellano). 

 A pesar del riesgo probado del uso de estos productos como forma de control del peso, el consumo entre personas de diferentes géneros, grupos étnicos y nivel socioeconómico persiste. Comentan Levison y colegas que en Estados Unidos se estima que el 15% de la población adulta utiliza pastillas para adelgazar como forma de controlar su peso de por vida. Además, aproximadamente el 5% de la población adulta utiliza laxantes, un indicador que aumenta hasta el 15% (llegando al 63%) entre aquellas personas que padecen algún TCA. 

Partiendo de esto, los y las investigadoras de este estudio tenían como objetivo estudiar la posible asociación entre el uso de pastillas adelgazantes y de laxantes como forma de control de peso con el diagnóstico posterior de algún TCA en mujeres jóvenes. Para ello analizaron datos longitudinales (desde el año 2001 al 2016) de 10.058 chicas de Estados Unidos, de entre 14 y 34 años.

Los resultados obtenidos aportan, por primera vez, evidencia empírica sobre lo que hasta ahora eran hipótesis. Entre las 7.564 respuestas incluidas en los análisis del uso de pastillas adelgazantes, el 1.8% de aquellas participantes que informaron haber consumido estas pastillas durante el año previo (en comparación con el 1% de aquellas que respondieron que no habían consumido dicho producto), informaron también haber sido diagnosticadas posteriormente de algún TCA. En otras palabras, quienes habían consumido pastillas adelgazantes, tuvieron 5 veces más probabilidades que quienes no lo habían hecho, de ser diagnosticadas durante el periodo posterior (de 1 a 3 años) de algún TCA. Por otro lado, entre las 40.305 respuestas incluidas en los análisis de uso de laxantes, el 4,2% de aquellas que informaron usar este método como forma de control del peso durante el último año, en comparación con el 0.8% de quienes no lo habían utilizado, informaron haber sido diagnosticadas posteriormente de algún TCA.

Estos datos arrojan luz sobre los efectos nocivos que pueden causar el uso de pastillas adelgazantes y laxantes como métodos de control del peso. Además de los riesgos ya advertidos, un dato importante es su posible implicación como forma de hacer un primer diagnóstico sobre TCA. Derivado de esto, explican Levinson y colegas que es plausible que el uso de estos productos pueda aumentar la probabilidad de aparición posterior de TCA, ya que tienen un impacto muy negativo en la regulación de la conducta alimentaria, la regulación fisiológica de la digestión, y la regulación psicológica.

Las implicaciones de esta investigación para el ámbito de la salud pública son claras: teniendo en cuenta la literatura existente sobre el uso de estos métodos como forma de controlar el peso, los y las profesionales del sector público, las autoridades responsables de su regulación, las familias, y también la comunidad educativa -entre otros- deben informar y alertar de la peligrosidad que suponen dichos métodos. Además, el debate debe considerar la regulación de estos productos sobre todo en relación a su acceso por parte de los y las menores de edad, y los efectos de la publicidad engañosa. 

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