El lobby de acosadores de la universidad necesitaba un bufón que les hiciera el juego bruto mientras ellos y ellas se escondían detrás del anonimato y podían, así, seguir acosando. Para ello, la estrategia ha resultado ser tan patética como improductiva, eligiendo al mejor fichaje para que así fuera.

Desde hace años y con mucho empeño el bufón se dedica, casi obsesivamente, a perseguir cada uno de los actos en los que miembros del grupo que rompió el silencio contra la violencia de género en las universidades participan u organizan y trata de boicotearlos a través de las redes. Con tanto empeño que por cada ataque que trata de proyectar consigue al máximo un retweet de la asociación que se dedica a atacar a las víctimas de esos acosadores universitarios, mientras que el grupo consigue progresivamente no solo una mejora de las universidades, sino que, ante cada ataque, más personas decidan denunciar o explicar lo que está sucediendo con el fin de encontrar soluciones, desde partidos políticos a premios nobel, pasando por entidades ciudadanas y personas a título individual. 

Mientras uno da la cara y el resto actúa cobardemente a escondidas, la lucha contra la violencia de género en las universidades no deja de crecer y ser más fuerte. Contrariamente a lo que se imaginaban, y de acuerdo con lo que el grupo ya pensaba, ni la estrategia de acoso del bufón y de los y las del lobby ni los ataques han conseguido que nadie se haya posicionado a su favor.

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