Ronan Farrow. Facebook

Sabía que lo estaban vigilando. Recibía llamadas telefónicas para advertirle de que dejara de investigar. Le alertaban de que si seguía por ese camino, nadie le ofrecería un empleo. Sin embargo, él continuó con las entrevistas. Sabía que anteriormente hubo varios intentos que fracasaron. Nadie había querido hablar, no habían querido que se publicaran sus nombres, faltaban las evidencias.

Pasaron meses hasta que Ronan Farrow pudo terminar su investigación. Había acordado con NBC News que haría pública la información en esta cadena, pero no fue así. Harvey Weinstein sabía cómo hacer que la ley del silencio funcionara. Tenía amistades muy influyentes. Había fundado las productoras y distribuidoras Miramax y Weinstein Company. Las películas que había producido (Pulp Fiction, Shakespearen in Love, El paciente inglés,…) habían recibido más de 300 nominaciones a los Oscar. Weinstein era quien abría y cerraba muchas puertas en la industria del cine.

Más de veinte años habían pasado desde que se empezó a hablar en privado de los abusos sexuales de Weinstein, pero el poderosísimo productor siempre pudo hacer las maniobras necesarias para acallar la historia: sobornos, acuerdos de confidencialidad, amenazas, complicidades… Era una maquinaria para producir silencio. También lo consiguió con NBC News. Weinstein contrató a una empresa privada de inteligencia para que investigara los trapos sucios de la cadena de televisión. La información que obtuvieron la utilizaron para que NBC News no publicara nada de lo que Ronan Farrow había descubierto sobre Weinstein.

La historia se estaba repitiendo una vez más, prevaleció la ley del silencio, pero no fue por mucho tiempo, porque las cosas habían empezado a cambiar. Ronan Farrow no estaba solo. Trece mujeres que habían sufrido los abusos de Weinstein se prestaron a relatar su historia a Farrow. Dieciseis personas que trabajaban en cargos directivos en las empresas de Weinstein (varios de ellos eran hombres) también le contaron lo que sabían. Las evidencias se amontonaban. La conocida revista estadounidense New Yorker no estaba dispuesta a plegarse ante las presiones y contactó con Farrow para publicar su historia. El día 5 de octubre de 2017 los periodistas del The Times Jodi Kantor y Megan Twohey comenzaron a publicar en el New York Times una serie de artículos sobre los abusos sexuales de Weinstein. Pocos días después, el 10 de octubre, Ronan Farrow publicó su investigación en el New Yorker. Kantor, Twohey y Farrow fueron galardonados con el premio Pulitzer, el premio más importante en el ámbito del periodismo en Estados Unidos. Sus artículos contribuyeron decisivamente a que surgiera el movimiento #MeToo.

Ronan Farrow podía haber sido conocido por ser hijo de los famosísimos Mia Farrow y Woody Allen, pero, además de ello, es conocido por su compromiso contra la violencia de género, no solo por la investigación sobre Weinstein. Se posicionó desde el principio junto a su hermana Dylan en su acusación contra Woody Allen y en 2018 Eric Schneiderman, abogado del estado de Nueva York, se vio obligado a renunciar a su cargo debido a un artículo escrito por Jane Mayer y Ronan Farrow en el que sacaban a la luz las denuncias de cuatro mujeres contra Schneiderman por abusos sexuales. Lo mismo ocurrió con Leslie Moonves, un directivo de la cadena de televisión CBS, que se vio obligado a dimitir por un artículo de Farrow, también en el New Yorker, en el que relataba las denuncias de varias mujeres por abusos sexuales.

Es un claro ejemplo de que también los hombres pueden y deben comprometerse contra la violencia de género.

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