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“Enseñar a niños pequeños es un trabajo de mujeres”, es una idea que se extrae de Men teaching young children: “you can never be too sure what their intentions might be” (“Hombres que enseñan a niños pequeños: “nunca puedes estar demasiado seguro de cuáles podrían ser sus intenciones”)basándose en  una investigación que recoge las preocupaciones y opiniones que señala de un grupo de hombres y mujeres docentes de Sudáfrica que han participado en ella. Este estudio intenta recoger información de las razones por las que esta profesión tiene un gran sesgo de género. Sin ir más lejos, En España, el porcentaje de mujeres que imparten docencia en educación infantil es del 97.6%  así que, al parecer, en nuestro país nos podríamos sumar a las percepciones de nuestros colegas sudafricanos sobre este tema. Por otro lado, a nivel mundial hay una llamada a disminuir esta disparidad de género y a aumentar la participación de los hombres en las etapas iniciales de la educación. 

Es cierto que somos pocos los hombres que decidimos impartir docencia en la etapa de educación infantil, por el momento. Algunos discursos naturalizan la diferencia entre hombres y mujeres, como si la biología aportase dotaciones estructurales al cerebro que nos condicionasen a unas y a otros, repercutiendo en el desempeño de nuestras funciones; esta cuestión la ciencia  ya la ha resuelto determinando que dichas diferencias biológicas no son ciertas. Los motivos apuntan a condicionantes sociales, lo cuál es una buena noticia dadas las posibilidades de transformación de los mismos mediante la socialización.

De entre esos condicionantes, llama la atención la vinculación que se establece entre hombres y violencia que puede llevar a convertirnos en depredadores sexuales. Cabría aquí apuntar un importante matiz, y es, como ya se ha dicho en anteriores artículos , que únicamente los hombres que responden al modelo de masculinidad tradicional dominante son los que pueden ser capaces de aparecer en las cifras de abusos sexuales a la infancia. En Europa, 1 de cada 5  niños o niñas son víctimas de algún tipo de violencia sexual y en el 75 u 85% de los casos la persona perpetradora era conocida por la víctima, como podría ser el caso de un maestro. Estas cifras, posiblemente, dada la situación, debieran motivar una legislación que regulara el contacto físico en estas edades, tal y como se apunta también en el artículo referenciado inicialmente.

Sin embargo, conozco a algunos hombres maestros de educación infantil y de primaria, con diversidad de opciones de género que, desde una posición igualitaria, como nueva masculinidad alternativa (NAM), están colaborando a superar y a mejorar nuestro contexto social actual. 

En una etapa tan clave para el desarrollo infantil, no hay duda de que los hombres junto con las mujeres tenemos la oportunidad y la responsabilidad de sumar esfuerzos para que las niñas y niños se socialicen con modelos masculinos igualitarios, seguros y que se posicionan siempre en contra de cualquier tipo de violencia. Las investigaciones están ofreciendo información relevante que nos ayuda a muchos hombres a romper con modelos masculinos violentos que no hacen más que extender creencias dañinas y ruinosas sobre nosotros. Abramos posibilidades para que muchos hombres que responden al modelo NAM puedan disfrutar, si así lo desean, de esta profesión.

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