El lenguaje y la interacción social son fundamentales para el desarrollo y existen evidencias sólidas de que la primera infancia constituye una etapa sensible para la adquisición de estas habilidades de comunicación cuya impronta repercute tanto en el bienestar infantil inmediato como en su posterior éxito social y educativo, sosteniéndose a lo largo de toda la escolarización.

La investigación titulada Dialogue and interaction in early childhood education: A systematic review, publicada en el Multidisciplinary Journal of Educational Research, ofrece una revisión de la literatura científica sobre cómo se desarrollan el diálogo y las interacciones en los contextos de educación infantil de alta calidad y sus efectos, tanto en el aprendizaje y en el desarrollo cognitivo, social y del lenguaje, como en la superación de desigualdades educativas.

Las diferentes concepciones para evaluar la calidad de la educación infantil se centran en analizar el ambiente estructural (instalaciones, entorno físico, cualificación docente) y el proceso educativo (enseñanza y aprendizaje, comunicación con las familias, relaciones entre el personal docente). Los resultados de este estudio reflejan que la calidad de los procesos educativos de la educación infantil está vinculada a intervenciones que promueven y apoyan habilidades cognitivas, sociales y emocionales en las áreas de lenguaje, alfabetización, matemáticas y ciencias, y a través del diálogo y las interacciones que el profesorado ofrece al alumnado, así como aquellas que se producen entre los niños y niñas en pequeños grupos y desde un enfoque dialógico.

En primer lugar, el estudio identifica que el diálogo y las interacciones en los entornos educativos de alta calidad para la primera infancia combinan la dimensión emocional en el tono del habla con la implicación deliberada de los niños y niñas en tareas de instrucción, incluyendo habilidades de razonamiento y pensamiento. Cuando se trata de mejorar la conducta, el profesorado aporta claves sobre cómo comportarse a los niños y niñas y, simultáneamente, les ayuda a involucrarse en tareas de aprendizaje. En segundo lugar, se comprueba la relevancia del uso eficaz del lenguaje y los actos comunicativos a través de patrones dialógicos. En este sentido, las prácticas de lectura dialógica en pequeño grupo evidencian su contribución al desarrollo de formas específicas de lenguaje a través de la formulación de preguntas complejas y la retroalimentación docente que modela estructuras de lenguaje y pensamiento más elevadas. En tercer lugar, más allá de las interacciones entre el profesorado y los niños y niñas, se comprueba que involucrar a las familias en el contexto educativo, genera más oportunidades para el aprendizaje y tiene un impacto de mejora en las interacciones en el hogar. Por último, la revisión sistemática realizada, evidencia el impacto positivo en el desarrollo infantil de los entornos dialógicos de aprendizaje cuando el profesorado coloca el foco en el aprendizaje, en las interacciones de calidad y en prácticas educativas basadas en evidencias científicas.

Por un lado, se necesita más investigación sobre educación infantil de alta calidad centrada en cómo se producen el diálogo y las interacciones generadoras de aprendizaje y promotoras del desarrollo cognitivo, social y emocional. Por otro, en los debates actuales sobre la educación en la primera infancia existe consenso acerca de la necesidad de ofrecer oportunidades educativas promoviendo entornos de aprendizaje ricos y estimulantes; sin embargo, algunas posturas rechazan la enseñanza instrumental en las primeras edades, especialmente en el ámbito de la lectoescritura. Las evidencias científicas sostienen que es precisamente el aprendizaje lo que produce el desarrollo, por lo que “esperar” significa “retrasar” y perjudicar en muchos casos el desarrollo, al ser la etapa infantil un período esencial para la adquisición de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Al respecto, desde referentes clásicos como Montessori o Vygotsky (1978) hasta las evidencias científicas más actuales demuestran, por ejemplo, que la mayoría de niños y niñas son capaces de leer y escribir a los cuatro años y medio de edad. Esto nos invita a reflexionar sobre por qué les privamos en la educación infantil de estas habilidades de alfabetización básicas para su desarrollo, altamente influyentes para su éxito educativo en el paso a la educación primaria y predictoras de futuras dificultades de aprendizaje, especialmente entre la población más vulnerable.

Si quieres, puedes escribir tu aportación