Los pasillos y despachos universitarios estaban llenos de comentarios destinados a disculpar a los acosadores, disculparse a quienes miraban para otro lado y atacar a quienes ayudaban a las víctimas por meterse donde no les llaman. “¿Y por qué lo aceptan?” “¿Y por qué lo aguantan?” “¿Y por qué no denuncian?” “Son mayores de edad; a quienes no quieren, no se lo hacen”. 

Cuando hablaban directamente con las pocas personas que ayudaban a las víctimas trataban de disuadirlas diciendo que saldrían perdiendo, que no sabían con quiénes se enfrentaban, que estaban cuestionando todo el sistema. No solo las veían y las querían ver como víctimas, sino que querían que ellas también se vieran así y abandonaran a las víctimas. Por eso no podían soportar a quienes daban el paso de víctimas mártires a mártires triunfadoras. Lanzaban entonces otra mentira: que habían creado un buen negocio inventándose los acosos sexuales, cuando estos no existirían en la universidad puesto que todas eran mayores de edad.

Esas mentiras las crean los acosadores, pero logran un eco en cada persona que quiere justificar por qué no hizo nada, por qué miró para otro lado. El daño que hacen con esa revictimización y ese acoso sexual de segundo grado queda también justificado por el “ellos se lo han buscado, a quienes no nos metemos en líos no se nos hacen esos ataques”. Quienes hacen esos ataques son la respuesta a la pregunta que hacen: ¿Y por qué no denuncian?”. Porque apoyar a las víctimas supone recibir esos ataques y las terribles represalias que los acompañan. Sin apoyos, las víctimas no pueden denunciar porque los ataques que reciben son incluso más dolorosos que el propio acoso que recibieron en primer lugar. 

Hemos avanzado mucho gracias a las pocas y pocos valientes que se enfrentaron a esa situación y a quienes les han apoyado. Ahora ya hay menos acosos. Pero en la cultura colectiva de muchos pasillos y despachos universitarios todavía quedan esos comentarios y esos pensamientos. Han sido muchos años de total impunidad de los acosos sexuales en las universidades y muchos años de total sumisión a quienes los realizaban.

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