Una de las conquistas de las democracias es la libertad de elección religiosa, recogida como uno de los derechos fundamentales humanos. Sin embargo, a veces se obvia este derecho. Y con ello se pierde la oportunidad de conocer como las diferentes comunidades de muy distinta creencia (judíos, cristianos, musulmanes, budistas, bahaís, agnósticos, ateos, etc..) han ido contribuyendo al sueño de erradicar la violencia y a construir sociedades más igualitarias y solidarias.  Y por eso, se van a ir publicando una serie de artículos donde el modelo de masculinidad alternativa se puede ir identificando en diferentes opciones religiosas, creencias, puesto todas tienen en común la construcción de una sociedad más libre, igualitaria, justa y pacífica.

El sueño del fin de la violencia

En más de dos mil años de historia en el seno de la iglesia se han confrontado diferentes modelos de masculinidad, se ha hablado en muchas ocasiones de los ejemplos de masculinidad dominante y violenta que sin duda son un claro ejemplo antagónico de lo que se dice en los evangelios, pero poco de los modelos de masculinidad alternativa, que se enfrentaron y posicionaron contra la violencia desde el principio, incluso contra aquellos que ejercían un rol en la jerarquía pero ejercían violencia en sus comunidades.  Apostando por una masculinidad ni opresora ni oprimida, hombres valientes y buenos se enfrentaron a la esclavitud, a todo tipo de abusos que se permitían en aquellos tiempos porque entendían que existía un mundo mucho mejor, un mundo que tal vez no verían -muchos murieron a manos de intolerantes religiosos del Imperio Romano,  y más delante de aquellos que se habían apropiado de la Iglesia y decidían a su antojo quién moría en la hoguera y quien no, por ejemplo en la Inquisición.  Por los datos recogidos se conoce que la mayoría de quienes murieron en las hogueras eran mujeres y hombres cristianos, pero también hay que reconocer las injustas muertes de personas de otras diversas creencias.

Contamos con muchas fuentes para conocer a fondo esta realidad. Algunas pinceladas al respecto las encontramos por ejemplo; la hermenéutica feminista impulsada por Elisabeth Schüssler Fiorenza, catedrática de la ‘Harvard Divinity School’ y una de las principales promotoras de la Women-Church Convergence ha ayudado enormemente a desgranar el grano de la paja al promover una lectura feminista de la biblia. El libro Los caminos de la sabiduría: Una introducción a la interpretación feminista de la Biblia’ (2004) nos ofrece las claves principales de esta guía para profundizar en la Biblia con una mirada crítica y profundamente inclusiva.

En cuanto a acciones más globales en la promoción de masculinidades que planten cara a la masculinidad dominante, podemos destacar un manual editado por la ‘World Communion of Reformed Churches’ y el ‘World Council of Churches’ -de esta última organización fue consejero especial de educación Paulo Freire en los años 80- y su título es: Created in God’s Image: From Hegemony to partnership. A Church Manual on Men as Partners: Promoting Positive Masculinities. Entre otros capítulos podemos destacar todo el Módulo VI, en el que abordan la necesidad de posicionarse explícitamente en contra de la violencia de género. O el Módulo V, en el que defienden que es necesaria la promoción de un tipo de masculinidad que contribuya a la justicia de género.

Pero todo esto es fruto de comunidades y autoras capaces de “leer los signos de los tiempos” (Lucas 12, 54-59) y de entender que no se puede poner “vino nuevo en odres viejos” (Marcos 2, 21-22). La lucha desde una masculinidad al servicio de la humanidad y de la justicia de género es ancestral.

En cuanto a ejemplos hallados en los libros que completan el canon del Nuevo Testamento podemos destacar la detención de la lapidación pública de una mujer por parte de Jesús de Nazaret cuestionando el acto de la lapidación (Juan 8, 1-11 ), o el reconocimiento de figuras femeninas en algunas cartas de Pablo de Tarso, que aunque puede ser controvertido en otros párrafos, se suelen citar sus referencias para evidenciar cómo existían mujeres líderes en las primeras comunidades cristianas, como es el caso de Febe, Junia y Priscila. Lo que acabamos de decir, ubicado en el contexto histórico de Judea y otras regiones dependientes del Imperio Romano del s.I dC, nos puede ayudar un poco más a cerciorarnos del tipo de confrontación transformadora que planteaban aquellas mujeres y hombres a las estructuras opresoras del momento.

Podemos encontrar otro ejemplo en documentos históricos de los siglos II y III dC, en los que se muestra la pionera acción que numerosos cristianos impulsaron en la lucha contra la pederastia. Líderes de la Iglesia primitiva como Justino, Atenágoras, Clemente o Basilio de Cesárea denunciaron el abuso sexual infantil y animaban, de manera reiterada, a las primeras comunidades cristianas a desarrollar acciones que pudieran resultar de ayuda para su superación. Sobre este tipo de acciones, el historiador Arístides, a principios del s.II nos dejó escrito en su ‘Apología’ el siguiente comentario “(…) libran al huérfano de quien le trata con violencia” (Apol. 15, 7-8). Siguiendo las propias indicaciones de la biblia, en el propio Antiguo Testamento, miles de años antes del nacimiento de Jesús, ya se condenaban los abusos sexuales infantiles y se prohibía explícitamente mantener relaciones sexuales incestuosas (Levítico 18).  

Aterrizándolo en la actualidad, momento en el que se han conocido miles de abusos sexuales perpetrados por miembros de diferentes iglesias cristianas, sorprende que, desde esa herencia milenaria, no se denunciara ni se emplearan acciones concretas mucho antes para poder prevenir y erradicar semejante barbarie. Por eso es tan importante conocer el legado, aprender de él, y mejorarlo. 

Hoy día hay que seguir impulsando la erradicación y la prevención de cualquier tipo de abuso sexual que pueda darse dentro de instituciones religiosas. Para ello, la principal fuente es el ejemplo de vida que son los Evangelios y el testimonio fuerte y valiente de las primeras comunidades cristianas que tanto hicieron por mejorar el mundo que se encontraron, tan poco de Dios. Y ahí la aportación de las nuevas masculinidades, así como el trabajo de miles de mujeres en este contexto; es necesario visibilizarlo, el pasado y el presente, para construir cada vez más en entornos seguros donde el sueño del fin de la violencia se siga haciendo real día a día.  Seguiremos luchando, también, desde vuestro trascendente legado.   

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