https://www.smallvoicesbigdreams.org/es/

Cada año cerca de mil millones de niños y niñas en el mundo sufren algún tipo de violencia y esto ocurre a manos de actores que a menudo pertenecen a su entorno más cercano, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

ChildFund Alliance acaba de publicar Small Voices Big Dreams 2019, un estudio en el que cerca de 5.500 niños y niñas de 10 a 12 años de edad en 15 países, han revelado su propia percepción sobre las diferentes dimensiones de la violencia contra la infancia y hacen un llamamiento a las personas adultas para erradicarla.

Los niños y niñas no se sienten suficientemente protegidas, instan a las personas adultas a que respeten sus derechos, piden espacios donde se sientan seguros, piden que se ponga fin a los castigos corporales y son conscientes de la violencia de género, también en la infancia.

Las niñas temen que les ocurran cosas malas y los niños temen verse obligados a hacer cosas malas. El presidente de Educo y miembro de ChildFund Alliance aseguraba que mientras veamos a la infancia solo como víctimas, no les estamos ayudando y estamos permitiendo que la violencia continúe. Las niñas y los niños tienen mucho que aportar, necesitan que los escuchemos y se abran cada vez más espacios de diálogo y participación en la gestión de la violencia y la creación de espacios seguros para que realmente podamos visibilizar la violencia existente, desde su raíz más profunda.

Los espacios de la violencia

En términos globales, niños y niñas perciben buena parte de su entorno como inseguro, destacando el espacio virtual y la calle como lugares de mayor riesgo. La casa es el único espacio que perciben claramente como seguro, seguida por la escuela y, especialmente, su propia clase en la escuela, a pesar de que otros informes ya han desvelado que en muchas ocasiones no lo son. Se observa que las niñas expresan mayor percepción de inseguridad que los niños.

“Me voy corriendo, muerta de miedo, yendo y volviendo con miedo. Tengo miedo cada vez que mi madre me pide que vaya a casa de mi abuela porque es peligroso allá” (M., 12 años, Brasil).

En general, la infancia encuestada muestra desconfianza hacia la clase política y sus gobernantes. Las únicas figuras protectoras claramente identificadas por los niños y las niñas son sus progenitores, y especialmente sus madres. Otros miembros de la familia o figuras cercanas a la familia, así como el profesorado o la policía y los militares, se perciben como menos protectores en países del entorno latinoamericano.

“Podría ser esa gente que crees que son mejores de lo que son, te compran cosas, como un móvil, te dan bombones, dinero, chocolate y todo eso. Esa gente incluso podría ser cercano. Piensas ‘oh, a esa persona le caigo bien, ya está’ y antes de darte cuenta, te están haciendo cosas malas, ¿no?” (M., 12 años, Brasil.). 

Visibilizar la violencia existente

Un dato también importante y que podemos cuidar y potenciar para que realmente lo lleven a cabo en todas las circunstancias, es que más del 88% de los niños y niñas creen que deben informar a alguien que pueda ayudar ante una situación de violencia.

“Si sé que mi padre vuelve a casa después de beber, le pido a mi abuela que salga conmigo”  (T., 10 años, Vietnam). “…que te apoye una persona cuando estás solo es lo más grande que puedes tener” (A., 13 años, España).

Sin embargo, el miedo y la dificultad de denunciar, y la falta o desconocimiento de los recursos de protección surgen muy claramente. Señalan la necesidad de un espacio de respiro y diálogo en el que puedan desahogarse, quitarse “la carga de la cabeza”, hablar de sus cosas sin miedo.

“Yo creo que si estás en una mala situación y quieres hablar con un adulto, tus padres son los primeros a quien acudir. Pero a veces están ocupados o tienen otras cosas y no tienen tiempo para ti” (A., Canadá).

“Podemos pedirle a un adulto que vaya a sensibilizar a los otros adultos para que no nos maltraten” (M., 12 años, Burkina Faso).

Alzar sus voces nos permiten acercarnos más directamente a las barreras que nos impiden superar la violencia existente a nivel mundial y avanzar en una de las metas que nueve de cada diez niños y niñas encuestadas pedían: que lo más importante que pueden hacer las personas adultas para acabar con la violencia contra la infancia es amar a los niños y las niñas y escuchar lo que tienen que decir.

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