La revista Archives of Sexual Behavoir, número uno en el ranking de revistas de investigación en ciencias sociales interdisciplinarias, publicó recientemente el artículo  Consent, Coercion, and Culpability: Is Prostitution Stigmatized Work or an Exploitive and Violent Practice Rooted in Sex, Race, and Class Inequality?, que supone una aportación al debate científico en torno a la problemática de la trata con fines de explotación sexual y prostitución, que la reputada revista científica está recogiendo en una serie de publicaciones. 

Las autoras, Rachel Moran y Melissa Farley, contribuyen al debate académico realizando una revisión teórica en la que recogen diferentes aportaciones científicas sobre elementos de análisis tan importantes en el feminismo como son el consentimiento, la coerción y la culpabilidad, vinculados al debate sobre las desigualdades de clase, raciales y sexistas, y su interrelación con la prostitución. Como argumentan en el artículo, este eje de análisis es importante y ha sido recogido en propuestas políticas, como la misma ley abolicionista de Suecia promulgada en 1999, que parte de la base de que las desigualdades económicas, raciales y sexistas son elementos estructuralmente conectados con la prostitución. 

Las autoras se remiten a una serie de investigaciones previas para argumentar la relación entre la trata y la prostitución, dos realidades inseparables como reconocieron las Naciones Unidas (2006). Otros investigadores e investigadoras han documentado que la legalización de la prostitución aumenta la trata, como el estudio realizado en 150 países por Cho, Dreher and Neumayer (2013), o en Europa y en EE.UU. (Osmanaj, 2014). Frente al argumento usado a veces por posiciones a favor de regular la prostitución de que las estrategias de reducción del estigma social asociado a la prostitución contribuyen a aliviar el impacto que genera la prostitución en las propias mujeres, las autoras argumentan que enfatizar de manera excesiva el estigma social como el daño principal genera una ocultación de otros daños ampliamente documentados, como el grave impacto en la salud de las mujeres. Entre estos daños, cabe destacar el acoso sexual, el abuso, la violencia sexual por parte de puteros y la manipulación y el control por parte de proxenetas. Asimismo, son numerosas las evidencias sobre el impacto en la salud mental y física de las mujeres como, por ejemplo, el elevado riesgo de ser contagiadas de VIH. Una investigación realizada por Silverman, Decker, Gupta, Maheshwari, Willis y Raj (2007) apunta que por cada mes que una mujer está en un prostíbulo, el riesgo de VIH se incrementa entre un 3% y un 4%.  

En esta línea, las autoras sostienen que la legalización de la prostitución no reduce los daños de la misma. No obstante, y a pesar de la falta de evidencias científicas, este argumento ha sido empleado para promover la legalización de la prostitución en países como Nueva Zelanda. Uno de los puntos planteados en la legislación fue que la descriminalización de la prostitución reduciría el contagio del VIH al reducirse la violencia e incrementarse el uso del preservativo. Por el contrario, las evidencias científicas mostraron que la violencia por parte de puteros, el control de los proxenetas y el estigma social no se ha reducido en los países en los que se ha legalizado la prostitución, ni en los Países Bajos, ni en Alemania ni en Nueva Zelanda (Rothman, 2017). Además ha aumentado el crimen organizado y no ha mejorado la seguridad de las mujeres. En países como Alemania, a pesar de la legalización, casi el 95% de las mujeres estaban bajo el control de otras personas (Paulus, 2014). Tampoco ha contribuido a reducir la demanda, sino que, por ejemplo, en Nueva Zelanda, a raíz del cambio legislativo, el número de clientes se duplicó en las calles y el acoso sexual aumentó (Farley, 2009)

En esta línea, también hay investigaciones que vinculan las conductas de los clientes puteros con las actitudes criminales e incluso con agresiones sexuales de los mismos. Un estudio con 1.000 hombres clientes en Chile, Croacia, India, México y Ruanda, encontró que quienes pagaban por sexo tenían más probabilidades de cometer una violación (Heilman, et al., 2014). Igualmente, otra investigación muestra que cuantas más veces los clientes consumían prostitución, menos empatía mostraban por las mujeres en situación de prostitución (Farley, Macleod, Anderson, & Golding, 2011). No obstante, los clientes puteros frecuentemente piensan que las mujeres en situación de prostitución se sienten sexualmente satisfechas con ellos, cuando en realidad la percepción de las mujeres es que, no solo no sienten placer alguno, sino que les genera un deterioro en su sexualidad (Høigård y Finstad, 1986).

Las autoras también plantean que, si bien el sexo no deseado es ya identificado siempre como abusivo, en la prostitución la naturaleza abusiva es frecuentemente negada porque no se identifica la coerción, como la económica, que existe detrás de la prostitución. Hasta que no se identifique esta coerción, la sociedad no reconocerá la prostitución como una forma de abuso sexual. 

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