¿Es la seguridad cosa de hombres? En Cataluña, por ejemplo, hay una proporción de una mujer policía por cada 4,7 hombres. En el caso de mandos directivos en 2018 la proporción era de 1 a 10. No debería ser así pero la desproporción entre ambos sexos es abrumadora y no parece mejorar. Además de este hecho, no hay que imaginar demasiado para sospechar que la Masculinidad Tradicional Dominante (MTD) es el modelo que debe abundar más en un cuerpo policial dada la socialización y educación recibida donde los roles hombre/mujer están aún muy marcados. No hay más que ver las películas o series policiales en las que los ejemplos de MTD son constantes y donde el policía duro y burlón se gana las simpatías de los espectadores. 

Ante la sobrerrepresentación masculina en los cuerpos policiales hemos de preguntarnos si sería necesario que se estableciesen sistemas para potenciar la incorporación de la mujer en la seguridad y también intentar que los perfiles MTD sean menores o más atenuados. Esto último podría conseguirse con controles en el acceso a la profesión policial que detecten comportamientos homófobos, racistas o misóginos, por ejemplo. Se trata, pues, de mantener un equilibrio donde los perfiles MTD no sean los prevalentes. 

Para ello es necesario que las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM) irrumpan con fuerza en los cuerpos de seguridad, hombres igualitarios que aceptan sus debilidades y luchan contra los comportamientos violentos protegiendo a las víctimas. Y si alguien se lo pregunta al leer estas líneas puedo decir que sí es posible posicionarse al lado de la víctima y continuar siendo legalmente imparcial. Se trata de no cuestionar o juzgar a la víctima en un primer momento, de ofrecer el apoyo correspondiente observando las normas y leyes aplicables que evitan la victimización secundaria.

El escenario actual en materia de seguridad exige transformaciones importantes y siempre en clave comunitaria: compromiso, imparcialidad, rendición de cuentas y diálogo. Y sin duda en el caso de los hombres, para esta importante tarea, los perfiles NAM serían los más adecuados para llevarla a cabo. 

Como siempre, la educación es la clave. Líneas de investigación como la socialización preventiva de la violencia de género nos dan las herramientas para la construcción de los perfiles NAM. Así, mujeres y hombres igualitarios podrían realizar esa transformación que la sociedad demanda, diseñando estrategias de seguridad desde diferentes enfoques que incluyan una perspectiva de género y que eviten una visión de la seguridad monocromática.

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