Nacida a finales del siglo XIX en Estados Unidos, Agnes Meyer Driscoll es una más de las mujeres con grandes contribuciones a la humanidad injustamente invisibilizadas. Agnes vivió en una época de grandes cambios relacionados con la participación de la mujer no solo en la vida pública, sino también a nivel político y social, incluidos los movimientos sufragistas. Estos cambios, junto con el estallido de la Primera Guerra Mundial, llevarían al entonces secretario de la Armada a tomar la decisión de admitir el alistamiento de mujeres.

En este contexto, Agnes Meyer, que había estudiado matemáticas, música, física y lenguas extranjeras, pensó que sus conocimientos técnicos podrían resultar de utilidad y se alistó en la Armada, pasando a formar parte del departamento de Códigos y Señales de la Dirección Naval de Comunicaciones. Allí aprendió telegrafía, reconocimiento de huellas y encriptación de mensajes y empezó su carrera como descifradora de códigos, destacando por sus conocimientos técnicos y matemáticos.

Su carrera profesional estuvo vinculada siempre a la protección de los mensajes de la Armada de los Estados Unidos y al criptoanálisis y durante los años 20 y 30 tuvo un papel fundamental en el descifrado de códigos. Su mayor contribución fue el descifrado del código japonés JN25, el más complejo de los utilizados por el ejército imperial nipón, que fue clave para asegurar la victoria de los Estados Unidos en la batalla naval de Midway en la Segunda Guerra Mundial.

A lo largo de su trayectoria profesional, Agnes tuvo que reivindicarse, soportando repetidamente envidias, comentarios y actitudes de desprecio por el hecho de ser mujer. Aún así, trabajó de forma brillante, aplicando sus habilidades y conocimientos al descifrado de códigos y formando a las nuevas generaciones de criptoanalistas.

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