El pasado día 10 de julio de 2019 dos mujeres árabes querían hacer un tramite en el Ayuntamiento de Reus, sin embargo se tuvieron que marchar sin hacerlo. Ambas mujeres llevaban el niqab, tipo de prenda negra o de varios colores que cubre todo el cuerpo, la cabeza y el cuello, dejando solo sus ojos expuestos,  y que es una interpretación de una vestimenta modesta y símbolo de fe religiosa. Son numerosos los casos en que la mujer musulmana es discriminada por su vestimenta y el velo islámico. Es muy común encontrar noticias relacionadas con este tema y debates latentes a nivel mundial. Por ejemplo, recientemente, el 5 de julio, en Túnez se ha prohibido el niqab en edificios gubernamentales. Otro ejemplo concreto de la carencia de comprensión es el caso sucedido en Reus.  

En agosto de 2016, el ayuntamiento de Reus (Cataluña) aprobó la Ordenanza de civismo que en el artículo 10, normas de conducta, detalla: 

“Cuando el rostro de las personas no sea visible, de manera total o parcial, a causa del uso de alguna pieza de ropa o accesorio, se les podrá pedir la identificación para poder utilizar un Servicio municipal para el cual sea necesaria la identificación. Si la persona se niega, no podrá utilizar o disfrutar el servicio”. 

Ante este pretexto, el vigilante de seguridad del ayuntamiento llamó a la Guardia Urbana informando que las mujeres no querían enseñar el rostro a pesar de que la normativa lo obliga. Ahora bien, desconocemos en qué situación se les pedía a las mujeres que lo hicieran. Hemos contactado con personas de la Juventud Multicultural Musulmana (JMM) y nos confirman la vulnerabilidad que perciben las mujeres que llevan niqab en los espacios públicos: 

Las mujeres que llevan niqab en situaciones cotidianas han sido sometidas a insultos u otros ataques verbales. El sentimiento de inseguridad frente a un ataque verbal o el temor de sufrir una agresión están presentes en las experiencias diarias”

De hecho, la polémica en la capital del Baix Camp es anterior, ya que la Ordenanza de Civismo y Convivencia contemplaba la prohibición de usar el burka en espacios públicos (acceder a los autobuses, instalaciones o locales municipales con ropa o elementos que dificulten la identificación). Esta ordenanza fue suspendida por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. La ordenanza vulneraba gravemente los derechos humanos, concretamente la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, así como la libertad de opinión y de expresión. Lo sucedido en Reus es un ejemplo más de los prejuicios y del rechazo de este tipo de símbolos. En todo caso, cabe preguntarnos: ¿Estamos apostando por unas instituciones que apoyen la diversidad religiosa y/o cultural? ¿Pensamos en cómo podemos facilitar la vida de estas mujeres? ¿O, desde una perspectiva discriminatoria, imponemos nuestra visión? Ante la carencia de una reflexión profunda, esta discriminación, según miembros de la JMM, comporta: 

“Evitar ir a espacios públicos o por no usar el niqab para ir a la escuela, para evitar problemas o situaciones incómodas, para evitar vejaciones prefieren estar en espacios privados y evitar los espacios públicos”.

Es decir, según estas declaraciones la falta de comprensión y de facilitación de la inclusión de otras culturas acentúa la desigualdad y la segregación. Al mismo tiempo, personas de la asociación confirman: 

“Las mujeres son consientes de que deben identificarse por la seguridad de ellas mismas y de la sociedad en general, y se debería darles ese derecho, identificarse en un sitio público y volver a tapar su rostro. Una vez son identificadas no hay motivo de prohibirles el uso del niqab en espacios públicos” .

Pero el tema va más allá de la ordenanza y es importante saber cómo en el día a día podemos garantizar que estas mujeres se identifiquen cómodamente sin vulnerar su libertad de expresión, al mismo tiempo que garantizamos que puedan realizar sus trámites en las instituciones públicas.  En definitiva, respetar las diferencias es la herramienta para garantizar el derecho fundamental de la libertad de expresión, donde defender la igualdad incluye el derecho a vivir de manera diferente.

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