En el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, popularmente conocido como el "Instituto Cajal" (en su primer sitio: Paseo de Atocha, 13) y de izquierda a derecha, Carmen Serra (técnica, hermana de Manuela Serra), José Ma. Villaverde, Santiago Ramón y Cajal, Fernando de Castro y Enriqueta “Ketty” Lewy. La presencia de este último data de la imagen tomada a mediados de la década de 1920 (después de 1926).

Un artículo recientemente publicado en la prestigiosa revista Frontiers in Neuroanatomy titulado The Women Neuroscientists in the Cajal School saca del olvido a cuatro mujeres científicas: Laura Forster, Manuela Serra, María Soledad Ruiz-Capillas y María Luisa Herreros, que formaron parte de los equipos de investigación del Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal y de sus discípulos del Instituto Cajal. 

Cuatro mujeres ocultadas que desarrollaron brillantes carreras tanto en España como en el extranjero, que participaron activamente en el desarrollo de la neurociencia desde 1911 con sus aportaciones al progreso de la ciencia biomédica y que fueron injustamente tratadas por el escaso reconocimiento a su trabajo. El artículo muestra sus contribuciones y visibiliza la relevancia de estas mujeres científicas pioneras. 

En 1911 Laura Forster, médica australiana que trabajaba en la Universidad de Oxford, decide trasladarse a Madrid para aprender técnicas neurohistológicas de la mano de Ramón y Cajal. Sus trabajos fueron posteriormente publicados y reconocidos por investigaciones posteriores y 

actualmente es distinguida como un icono para las mujeres médicas de Australia y la Commonwealth. 

Manuela Serra es considerada la colaboradora más destacada. Publicó un artículo en 1921 firmado solo por ella que le llevó a formar parte del Laboratorio de Investigaciones Biológicas, desarrollando una labor investigadora que consiguió resultados relevantes en el campo de la biología y la neurología.   

 

María Soledad Ruiz-Capillas, fue primera mujer con un título universitario que, bajo la dirección del discípulo de Cajal, el doctor Gonzalo R. Lafora, participó del desarrollo del estudio de las patologías del sueño. 

Y María Luisa Herreros, discípula directa y considerada la nieta científica del Nobel. Su trabajo investigador en el campo de la histología lo llevó a cabo, principalmente, junto a Fernando de Castro, también destacado colaborador. Posteriormente se dedicó estudiar la neurociencia en la psiquiatría, siendo reconocida como una de las pioneras españolas en el psicoanálisis. 

Cuatro mujeres extraordinarias, que comienzan a ser reconocidas por sus contribuciones científicas. Como se señala en las conclusiones del citado artículo, se pretende, además, ofrecer una reflexión más completa sobre las actitudes hacia la igualdad de género del Instituto Cajal en la investigación neurocientífica mundial de principios del siglo XX.

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