El pasado viernes la 108ª Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), celebrada en Ginebra del 10 al 21 de junio, incluyó en su jornada de clausura la adopción de un nuevo Convenio, el número 190, y una Recomendación suplementaria sobre violencia y acoso en el lugar de trabajo. Es la nueva normativa laboral internacional adoptada para hacer frente a la violencia y el acoso, que reconoce el derecho de todas las personas a un entorno laboral exento de violencia y acoso, incluida la violencia de género. Es el resultado de un duro trabajo que viene desarrollando la agencia desde 2015, al que, admite, el movimiento #MeToo ha dado un importante impulso y significado, según informan los medios.

El nuevo Convenio sobre violencia y acoso 2019 fue aprobado por las y los delegados que emitieron 439 votos a favor de la aprobación del Convenio y 7 en contra, y se produjeron 30 abstenciones. La Recomendación se aprobó con 397 votos a favor, 12 en contra y 44 abstenciones.

La nueva norma se posiciona contra toda violencia en el trabajo instando a los estados miembros a asumir la responsabilidad de tomar medidas y fomentar un “entorno general de tolerancia cero”, especialmente para las mujeres. En las conversaciones, sus representantes aludieron a que “Nadie debe ser sometido a violencia y hostigamiento en el trabajo. Es una epidemia en todo el mundo que debe terminar “. La norma señala que la violencia y el acoso en el mundo del trabajo “pueden constituir un incumplimiento o una inobservancia de los Derechos Humanos… y pone en riesgo la igualdad de oportunidades.” Por ello considera que estos comportamientos “son inaceptables para lograr un trabajo decente, e incompatibles con este”.

El marco del nuevo tratado abarca la violencia de género y reconoce el vínculo que puede existir entre este tipo de violencia y el mundo laboral. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y una amplia mayoría de propuestas, no incluye de manera específica a las personas LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales) como colectivo susceptible de sufrir violencia y acoso en el trabajo, como pedían patronales y sindicatos, por la oposición de numerosos países.

La nueva normativa entrará en vigor doce meses después de que los Estados miembros lo hayan ratificado. La recomendación, que proporciona directrices de cómo los gobiernos pueden aplicar el convenio, no es jurídicamente vinculante.

Tal como anuncia la OIT, se trata de un paso histórico para el futuro del trabajo al convertirse en el primer instrumento normativo internacional dirigido a eliminar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo a nivel mundial.

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