Investigadores de la Universidad de Oxford han publicado recientemente un estudio sobre cómo crear una cultura universitaria más solidaria e inclusiva, orientada a superar las desigualdades de género y a promover las carreras investigadoras y académicas de las mujeres. Este es sin duda un tema de máxima relevancia actual en un momento en que se discute a nivel internacional cómo pueden las instituciones de educación superior ser ‘excelentes’ incluyendo no solamente aspectos meramente académicos sino también los esfuerzos que se realizan para que las universidades fomenten relaciones sociales igualitarias y sean un reflejo de las sociedades multiculturales y diversas en las que se encuentran.

Pavel Ovseiko, Linda Pololi, Laurel Edmunds, Jan Civian, Mary Daly y Alastair Buchan reflexionan sobre este tema en su artículo “Creating a more supportive and inclusive university culture: a mixed-methods interdisciplinary comparative análisis of medical and social sciences at the University of Oxford”, publicado hace unas semanas en la revista “Interdisciplinary Science Reviews”.

A partir de dos encuestas realizadas a 4.994 profesores y profesoras y a personal del ámbito de las ciencias médicas y sociales, el equipo de investigación realizó un análisis mixto (cuantitativo y cualitativo) sobre las diferentes dimensiones relativas a la cultura de apoyo y la inclusividad de la universidad, y cómo poder mejorarla. Las dimensiones culturales estudiadas incluyeron doce aspectos: 1) vitalidad; 2) autoeficacia en el progreso profesional; 3) apoyo institucional; 4) relaciones-inclusión-confianza; 5) valores límites (compartidos); 6) crisis ética/moral (“ethical/moral distress”); 7) aspiraciones de liderazgo; 8) integración entre las dimensiones ‘trabajo’ y ‘vida personal’; 8) equidad de género; 9) equidad étnica (con relación a personas negras y de minorías culturales); 10) esfuerzos de cambio institucional para la diversidad; 12) esfuerzos de cambio institucional en el apoyo al personal de la facultad (es decir, percibir el esfuerzo hecho de buena fe por parte de la institución para mejorar el apoyo a los profesores a través de la implementación de políticas y programas de cambio).

Los resultados del estudio apuntan aspectos relevantes. En primer lugar, cómo la cultura universitaria perjudica a las mujeres. En comparación con sus compañeros masculinos, las mujeres experimentaron en menor medida los resultados en seis de las doce dimensiones analizadas en el ámbito de las ciencias médicas y en diez en el ámbito de las ciencias sociales. Esto sugiere no solamente que las experiencias de las mujeres en la cultura universitaria son diferentes, sino que, además, son menos positivas que las de sus colegas hombres. Los niveles más altos de disparidad de género en las percepciones de la cultura universitaria en ambas ciencias (sociales y médicas) se observaron en las dimensiones de equidad de género y  en el de autoeficacia en el progreso profesional. En ambos ámbitos científicos, una proporción más elevada de mujeres que de hombres explicó haber tenido la intención de abandonar la universidad debido a esta insatisfacción.

En segundo lugar, comparativamente, los resultados indicaron que tanto las mujeres como los hombres tenían una percepción más positiva de la cultura organizativa de la institución en el ámbito de las ciencias médicas que en el de las ciencias sociales. Esto se observó en las dimensiones relacionadas con la integración de la vida laboral y personal y con la percepción de los esfuerzos realizados por la propia institución para mejorar el apoyo al personal de la facultad.

El tercer aspecto remarca la importancia de la implementación de los conocidos planes Athena SWAN sobre igualdad de género, relacionados con los incentivos de financiación del National Institute for Health Research (NIHR). Los planes Athenea SWAN proporcionan un conjunto de principios para que las instituciones de educación superior e investigación se comprometan a eliminar las barreras estructurales y culturales para la igualdad de género y el avance profesional. Este programa se estableció en el Reino Unido en 2005 para promover las carreras de mujeres en el ámbito STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y desde entonces se ha extendido a otros ámbitos científicos (ciencias sociales y humanidades), y se ha llevado a otros países (Irlanda, Australia, Estados Unidos, Canadá). En el año 2011 el NIHR implementó una política que vinculaba la financiación en investigación biomédica con el compromiso demostrable de las instituciones con la igualdad de género a través del programa Athena SWAN.

Como efecto de esto -explican los autores del estudio- el ámbito de las ciencias médicas y sociales en la Universidad de Oxford son muy similares en muchas de las variables culturales analizadas. Los departamentos y divisiones de ciencias médicas y sociales utilizan la misma contratación, remuneración, promoción y reconocimiento de las normas y procedimientos de distinción, están sujetos a las mismas políticas universitarias de igualdad y diversidad, normas de comportamiento en el lugar de trabajo y a la misma normativa de igualdad del Reino Unido. Además, la universidad está igualmente comprometida a fomentar una cultura inclusiva en todas las ciencias, las artes y las humanidades.

Así, argumentan Ovseiko y colegas que la implementación generalizada de los planes de igualdad de género requeridos por el programa Athena SWAN y vinculados a los incentivos de financiación del NIHR en ciencias médicas parece ser la variable cultural más destacada. Estos resultados están en línea con investigaciones anteriores, que ya han señalado cómo los incentivos de financiación del NIHR en la investigación biomédica a través del programa Athena SWAN han promovido que los departamentos de ciencias médicas introduzcan cambios estructurales y culturales significativos.

Con todo, este estudio se suma a otros realizados en ciencias sociales y que revelan el gran impacto de la cultura organizativa de las instituciones de educación superior en el avance y liderazgo de las mujeres en las organizaciones académicas y de investigación. Además de esto, su relevancia recae también en que aporta datos claves sobre cómo la implementación de planes de igualdad, y en concreto el programa Athena Swan, está ya generando cambios estructurales de gran calado en instituciones top a nivel internacional, como es el caso de la Universidad de Oxford.

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