El Omertá 26 exponía las dificultades por parte de algunas responsables universitarias y algunas integrantes de las comisiones de igualdad a la hora de sacar a la luz la problemática del acoso sexual en las universidades. La respuesta ante cualquier voluntad de romper el silencio no era solo esconderlo, sino atacar a las víctimas.

Esa práctica se pudo observar en el momento en que desde la Red Solidaria de Víctimas de Violencia de Género en las Universidades y las Asambleas de estudiantes de las diferentes facultades de la Universidad de Barcelona se empezaron a organizar cinefórums y debates sobre la temática del acoso sexual con el fin de abrir espacios de diálogo y transformación en la comunidad académica. En respuesta, los carteles y la propaganda para anunciar dichos actos desaparecían de las paredes y, en más de una ocasión, desde la propia institución se intentó boicotear los actos promoviendo repentinamente actividades paralelas.

Dentro de las actuaciones contra la VG, se colgaron carteles que exponían las conclusiones de las primeras jornadas de acoso sexual de segundo orden que mostraban: “Toda persona que ataca a quien defiende a las víctimas de acoso sexual está haciendo acoso sexual de segundo orden” (cita de la profesora Ruth Milkman, Presidenta de la Asociación Americana de Sociología en 2016). Algunos de esos carteles desaparecieron rápidamente de las facultades donde se colgaron, con el fin de tapar el acoso sexual de segundo orden que estaban permitiendo y realizando.

Esta semana, dos años más tarde, después de que el feminismo alcanzara en marzo del año pasado las mayores movilizaciones jamás vistas, son muchas las personas que ven que ya no hay marcha atrás y que esta lucha ya no es de unas pocas, sino que ahora es de todas las mujeres y hombres que sueñan con la igualdad, el respeto y el compromiso desde la diversidad de cada cual. Esta nueva ola a favor de las mujeres y hombres comprometidos contra el acoso ha situado entre la espada y la pared a quienes, durante años, queriendo ocupar posiciones de poder en nombre de la igualdad, han perpetuado el acoso y el machismo, desprotegiendo y revictimizando a las supervivientes.

En medio de este contexto o más bien este punto de inflexión, todos y todas necesitan subirse al carro del feminismo, aunque sea con actitudes poco éticas u honestas, reivindicando cosas como que “aquello era suyo, ya que sin ellas no hubiera sido posible”. Es así como ahora ya no se arrancan carteles, sino que se apropian de actos y reivindicaciones de otras. Recientemente, las asambleas de estudiantes de la misma facultad decidió proponer el acoso sexual como tema de debate y charla entre el estudiantado, a lo que se sumó la comisión de igualdad tratando de apropiarse el acto. Como reivindicación, algunas participantes comentaron lo sucedido con anterioridad para ponerlo en conocimiento de la audiencia.

La transformación y apertura del movimiento feminista y para todas las voces ha dejado atrás antiguas y caducas dinámicas de poder y apropiación de las voces, lo cual en el contexto universitario ha permitido abrir nuevos espacios de diálogo desvinculados de esas dinámicas más propias de un sistema feudal, al que a menudo dicen criticar.  

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