Mucho se está investigando y publicando a nivel internacional y desde diversas disciplinas (sociología, criminología, neurociencia, psicología social, entre otras) sobre la radicalización violenta explorando cuáles son los ‘factores de riesgo’ que conducen a este proceso, así como los ‘factores de protección’ que previenen de caer en él. En esta línea, las aportaciones de las y los investigadores A. Kruglanski, K. Jasko, D. Webber, M. Chernikova, E. Molinario, realizadas dentro del ámbito de la psicología, aportan un marco teórico con elementos relevantes para entender mejor este proceso y, con ello, contribuir a la prevención y actuación.  

En el artículo The making of violent extremists, publicado en la revista Review of General Psychology. los y las autoras plantean un modelo psicológico de extremismo y, en concreto, se centran específicamente en el análisis del extremismo violento. Explican el proceso de radicalización violenta desde la ‘Teoría de la búsqueda de sentido” (o SQT según sus siglas en inglés “Significance Quest Theory”), la cual incluye tres componentes clave: (1) la necesidad, (2) la narrativa y (3) la red.

Con relación al primer componente de la SQT, la necesidad por el sentido individual, el hecho de importar a alguien, de ser alguien y de tener sentido en la vida, es una de las cuestiones fundamentales subyacentes al extremismo violento. Es por ello que cuando este deseo de “importar” se ve frustrado, cuando los individuos experimentan una pérdida de importancia o incluso la amenaza de tal pérdida, se sienten motivados a buscar formas de restaurar dicha importancia. Asimismo, advierten Kruglanski y colegas que la búsqueda de importancia no es inducida por una única experiencia traumática sino más bien por la acumulación en el tiempo de diversas experiencias negativas; por ejemplo, las discriminaciones o abusos sistemáticos que puede sufrir una persona o grupo. Así, la activación de la búsqueda de sentido es solo el primer paso en un proceso que puede conducir al extremismo. Se preguntan los y las autoras, qué es entonces lo que hace que un individuo identifique el extremismo violento como la vía para recobrar sentido en su vida. En su teoría proponen que esta decisión está determinada por las opciones y oportunidades específicas a las que un individuo se enfrenta a raíz de estas pérdidas de sentido.

Sobre el segundo componente de la SQT, una narrativa ideológica que justifique la violencia contribuye a la radicalización al definir una causa colectiva que puede hacer que un individuo recobre el sentido, al mismo tiempo que ser un medio apropiado para perseguir esa causa. Las investigaciones anteriores sobre el significado en la vida resaltan la importancia de los marcos de significado que proporcionan a las personas un sentido de confianza y comprensión de su propia realidad. Explican los y las autoras de la investigación que los marcos de significado no sólo describen cómo funciona el mundo en general, sino que también definen objetivos a alcanzar. A través del compromiso con esos objetivos, un individuo afirma su identidad y afirma que su vida es importante. Interpretado esto a la luz del extremismo político, una narrativa ideológica cumple esta función al describir una causa colectiva que puede hacer que el individuo recobre el significado que desea, así como un medio apropiado para perseguir dicha causa. Una ideología puede presentar la violencia como una forma de proporcionar respeto, honor y aprecio de un individuo en un grupo. Así, una persona que se suscribe a una narrativa que promueve la violencia tendrá más probabilidades de involucrarse en un extremismo violento ya que la narrativa justifica la violencia como una forma efectiva de alcanzar importancia, además de presentarla como moral y aceptable.

Finalmente, una red de personas que apoye y suscriba esa narrativa lleva al individuo que busca significado a percibir que la narrativa que justifica la violencia es cognitivamente accesible y moralmente aceptable. Este tercer componente de la SQT, la red, se refiere por tanto al grupo de personas que siguen la narrativa violenta. Explican Kruglanski y colegas que la red puede contribuir de dos formas a la radicalización de un individuo: (a) el contacto con dicha red hace que una narrativa que justifica la violencia sea accesible cognitivamente para una persona, y (b) el apoyo de la red a la narrativa violenta la valida y sirve como prueba de su veracidad y solidez. Estas redes pueden ser desde asambleas informales de amigos o familiares con ideas afines, a organizaciones formales dedicadas a un propósito compartido. Aquellas personas a quienes el individuo concede valor, como pueden ser miembros de la familia, amigos cercanos o compañeros, funcionan entonces como como “autoridad epistémica”, ya que tienen la capacidad de convencer al individuo de que, bajo circunstancias determinadas, la violencia no solo es aceptable, sino incluso loable. Con todo, siguiendo este argumento, las personas que pasan por un proceso de búsqueda de sentido y están al mismo tiempo integradas en una red social que se suscribe a una narrativa que justifica la violencia, son las más vulnerables a caer en procesos de radicalización violenta.

Es positivo de esta investigación que presente un marco que puede aplicarse no solamente para prevenir la radicalización violenta sino también para entender cómo diseñar programas de “desradicalización”. Sostienen los y las autoras que la desradicalización requiere una inversión del proceso que ha llevado en un primer momento a la radicalización, es decir, (1) la restauración del equilibrio motivacional; (2) la desilusión ideológica; (3) la creación de formas alternativas para recobrar el sentido; y (4) fomentar redes alternativas.

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